El mutis de la langosta

Ante el reciente cambio de gobierno, no se puede omitir el hacer una evaluación sobre diversos o disímiles actos y/o dichos –tendenciosos unos, falaces la mayoría, y alguno originado en el más craso y rancio caradurismo– que, dificultan todos ellos el análisis y la comprensión de la realidad.

Hace ya bastante tiempo que los dichos y las acciones de Julio M. Sanguinetti no tienen acceso al recinto de mi caletre. Si cualquier entrevista, artículo o fotografía con leyenda, con manifestaciones de dicho señor llega a mi proximidad, no leo, no veo, ni escucho nada que él tenga que manifestar. No es un prejuicio. Simplemente, Sanguinetti ha sido definitivamente clasificado. Pasó a ser un valor absoluto inmodificable: es sencillamente previsible la postura que pueda adoptar dicho señor y lo que pueda decir sobre cualquier asunto; entonces no es necesario atender a lo que diga, sabiendo de antemano donde está ubicado.

Con el Dr. Batlle, empezó a pasarme lo mismo a partir de la trasmisión del mando. Dicho acto «mágico» posibilitó el no seguir torturando mi vista y mis oídos ante un enemigo que ostentaba el poder, lo cual me obligaba a sopesar el riesgo hasta el último minuto de su «gestión». Ahora, ya fue. Pasó a la «categoría Sanguinetti». Mi susodicha actitud ha hecho que, sólo por terceras personas me enterara del inefable apoyo de Sanguinetti al no menos inefable Batlle en su afirmación de estar «legando al próximo gobierno un País floreciente que, ha sido bien gobernado,» habida cuenta de que «el gobierno de Vázquez aplicará la misma línea económica anterior». Esto último –a pesar de mis dudas sobre el actual equipo económico– me resisto a creerlo, y propongo al país, a la Gente, una espera prudencial. En cuanto a la afirmación de buen gobierno anterior y bonanza actual del País, es muy poco lo que se puede contestar con seriedad sin caer en obviedades, tal la pétrea dureza facial demostrada por los interlocutores.

Intentaré ser gráfico. La Gente de cierta edad recuerda un insecto masticador (ortóptero) que asoló el país por última vez en la década del 40 : La Langosta. Tal cual. Estos «gobiernos» no dejaron en pie nada que no fuera un gran capital (los troncos) –nacional o extranjero– destruyendo todo lo demás a su paso y permitiéndose el lujo de aumentar considerablemente la deuda externa para recomponer (?) al sistema financiero vaciado previamente por «buenos señores» (algunos todavía impunes y otros en «gayola») con la complicidad de jerarcas técnicos y políticos que forzosamente deberán purgar sus delitos.

Aclaro que nada tiene que ver el símil graficista que establezco, con el notorio parecido físico de Batlle al bichito; pero sí tiene que ver el gran parecido del resultado de la gestión de los «gobiernos» Batlle-Sanguinetti-Lacalle, con las consecuencias que ocasionaría el pasaje por el país de una gran manga de langostas. Debo establecer como diferencias a favor del bichito que éste no tiene odios ni amores inconfesables, ni soberbia ni arrogancia, ni rencores ni venganzas, ni falta de respeto y subestimación hacia los demás, y tampoco adopta actitudes sobradoras de pequeño maestro ante los medios y el Pueblo, ni disimula detrás de una pretendida y patética llaneza una ridícula aspiración al patriciado. La demostración de todo lo que digo está en cómo se ha proyectado sobre el Partido Colorado el estado actual del país: Batlle y Sanguinetti, a la manera de dos grandes y poderosas langostas barrieron a su propio partido a través de sus gestiones «negativas», y no precisamente fitófagas (comiendo vegetales).

Lamento no recordar el nombre del insecticida que erradicó la plaga pretérita hasta el extremo de que la misma nunca regresó; realmente, las dimensiones bíblicas del infortunio que padecemos –como las plagas de Egipto– inducen a no creer en el continuismo de la política anterior, y más aún, a pensar en no pagar la deuda externa con el estúpido e injusto sacrificio de la Gente: de la que está virtualmente muerta, y de la que aún vive.

¿Será real que el verdadero gobierno en este país fue y seguirá siendo el Ministerio de Economía? Veamos qué dice Carlos Pedro Blaquier, Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, Presidente de Ledesma SAAI, y miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa (Argentina). («Peligros de los Teóricos», Bitácora del 7/agosto/2002) :

«…los economistas que creen demasiado en sus cálculos de gabinete son un verdadero peligro. Pretenden predecir los acontecimientos económicos, pero si verdaderamente lo supieran, como los astrónomos que predicen las posiciones futuras de los astros, serían los hombres más ricos, lo que, por supuesto, no es así. Me estoy refiriendo a los ‘economistas puros’, es decir, a los que viven en su burbuja incontaminados por la realidad, no a los que tienen los pies sobre la tierra porque administran algún negocio concreto y practican sus ideas en carne propia. Los economistas puros son muy buenos para construir silogismos, pero a un entendido en silogismos lo patea una mula mansa, mientras que a un entendido en mulas la más chúcara no le hace mella. Yo escucho atentamente las opiniones de los teóricos de la economía, pero si les hubiese hecho siempre caso las empresas que dirijo estarían fundidas, como tantas otras y como lo está nuestro querido país por haber sido manejado por ellos. La economía de un Estado o una empresa no es otra cosa que administración económica, por lo que corresponde que la conduzcan los que han demostrado que saben administrar. La función de los economistas teóricos debe ser prestarles colaboración técnica. La administración de la economía es algo demasiado importante como para dejarla en manos de teóricos que en la práctica nunca han administrado nada y que experimentan sus ideas sobre el cuerpo social, como si se tratase de conejillos de Indias».

Existen dos remedios de aplicación simultánea que conducen a la cura del país: 1) El mutis «con el Foro» del malhadado bichito que, con sólo haberse ido luego de la defenestración del 31/10/04, ya nos está ahorrando la mitad de los trabajos de reparación a partir del 1º/marzo/05; y 2) El manejo directo de la economía por parte del Dr. Tabaré Vázquez, quien debe desembarazarse de las recetas antinacionales que vienen empujando al Uruguay hacia su propia desaparición como país.

¿Qué tal si se pide asesoramiento a J. Stiglitz, premio Nobel de Economía que ha censurado reiteradamente los uniformes despropósitos perpetrados contra el Tercer Mundo?

Reitero: el mutis anhelado largamente, con sólo haberse producido, nos brindó automáticamente la mitad ya hecha de las gestiones necesarias para recomponer el país. ¿Desaprovecharemos la oportunidad? ¡Hagamos un frente mercosuriano! ¡Fuera los tecnócratas! *

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