Es mejor 4 a 1 que 5 a 0

Cuando se pretende embarrar la cancha y entreverar las cartas, lo mejor es recordar los hechos y su desarrollo cronológico.

El 31 de octubre el EP-FA-NM alcanzó la mayoría absoluta de todos los votos emitidos. En noviembre planteó a blancos y colorados integrar un gabinete de coparticipación. La propuesta fue rechazada por ambos partidos.

Posteriormente se ofreció a ambos participar en los directorios de los entes autónomos y servicios descentralizados (además de los puestos que corresponden a las minorías en la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas, que son los únicos establecidos en la Constitución). Los colorados lo rechazaron y los blancos aceptaron.

En el entorno de esas conversaciones, el presidente del Directorio del Partido Nacional, senador Jorge Larrañaga, dijo textualmente: «Es mejor 4 a 1 que 5 a 0″. Es la frase que elegimos para titular esta nota. La misma se reprodujo en el informativo nocturno de Tveo, Canal 5, el viernes 11.

También se puso en pantalla la frase que acompañó aquella definición: «No es cuestión de un cargo más o menos».

El 3 de marzo el Partido Nacional comunicó al gobierno la lista de sus candidatos a los cargos referidos.

Pero el viernes 11 el Directorio resolvió retirar sus candidatos, alegando que aspiraba a dos cargos en el Directorio del Banco República y se le ofrecía sólo uno. O sea, que se hacía cuestión de un cargo más. Fue en esa ocasión que por TV se reprodujeron las manifestaciones antes citadas del doctor Larrañaga.

Los fundamentos de la resolución están contenidos en el primer punto de la declaración respectiva, según la cual «el gobierno ha optado por el camino de no admitir ningún tipo de contralor a la gestión iniciada el pasado 1º de marzo, contrariando una filosofía e historia constitucional de respeto a las minorías, forjada a instancia de la lucha desplegada en todos los tiempos por nuestra colectividad política».

Este verso se compone de dos hemistiquios, y cada uno de ellos choca con la realidad, la tozuda realidad de los hechos.

Sobre la primera parte: el gobierno no sólo admite el contralor sino que lo fomenta. Se puede realizar perfectamente con un miembro en el Directorio del BROU y con los representantes nacionalistas, que ya estaban designados, en los demás entes y servicios del Estado. Ya que se trata de controlar, y no de cogobernar.

Sobre las minorías: a tal punto son respetados sus derechos que el gobierno, a pesar de contar con la mayoría absoluta del Parlamento, propuso integrar un gabinete ministerial de coparticipación y luego les ofreció cargos en todos los organismos públicos, incluidos el Codicen y sus tres órganos desconcentrados. Más aun: aunque ahora los blancos declaran que no los van a ocupar, esos cargos permanecerán vacantes, por decisión del gobierno.

Surge ahora la pregunta: ¿cómo se comportaron ellos en materia de respeto a los derechos de las minorías, tan enfáticamente proclamado en la declaración del Honorable Directorio?

En el gobierno blanco de Lacalle, la minoría frenteamplista no tuvo ni la más mínima representación. Cero absoluto. Lo mismo aconteció en el segundo gobierno de Sanguinetti, en que colorados y blancos coparon con avidez absolutamente todos los cargos y no le ofrecieron ninguno al Frente. Ahí no se acordaron de las funciones de contralor de las minorías.

Las cosas fueron todavía más escandalosas en el gobierno rosado que acaba de fenecer. Porque en este caso el Encuentro Progresista – Frente Amplio había pasado a constituirse en la fuerza política mayoritaria del país. Sin embargo, no ocupó ni un solo cargo en los entes y servicios. Ninguno. Y en la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas, se le birló la representación que legítimamente le correspondía, a tenor de lo que establecen taxativamente los artículos 324 y 208 de la Constitución. Durante los cinco años de ese gobierno, del primero al último día, dichos organismos estuvieron constituidos de manera ilegítima, sin integrarse de acuerdo con los resultados electorales, manteniendo su anterior composición. Blancos y colorados maniobraron permanentemente para impedir que se reuniera la Asamblea General para proceder a la integración correcta. Se interpuso toda clase de chicanas, discutiendo si al Frente le correspondían tantos o cuantos miembros más, pero no se designó a ninguno.

Así defendieron los blancos los derechos de las minorías de que blasonan en su declaración.

Otro gallo cantaría cuando las minorías fueron ellos. Ahí sí, siempre, estuvieron prendidos. El Herrerismo acordó el pacto del chinchulín con la dictadura terrista, de la que fueron «soldados tranquilos». Ocuparon cargos en los gobiernos colegiados, como mayoría tras las elecciones de 1958 y 1962 y como minoría en los restantes. Bajo la dictadura, dirigentes blancos relevantes detentaron la presidencia, cargos en el Consejo de Estado y en las intendencias, todos a dedo. Gobernaron con Lacalle y coparticiparon en los gobiernos colorados de Sanguinetti y Jorge Batlle, llegándose a crear ministerios especiales para la repartija, que llenaron con bandadas de correligionarios.

Estos son los hechos que se pretenden pasar al olvido cuando se alza el tono y se engola la voz. *

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