Tecnócratas y liberales ante el cambio de mando

Escrito por: ANGEL VERA

Miércoles 09 de marzo de 2005 | 7:37
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7En una nota anterior nos referimos a las posiciones reaccionarias frente al advenimiento de la administración Vázquez. Hoy abordaremos las visiones tecnocrática y liberal.

El 18 de febrero la revista Caras y Caretas trajo una entrevista al viejo tecnócrata Alejandro Végh Villegas, ingeniero y economista, quien fuera en los sesenta director de la OPP y durante la dictadura, ministro de Economía y Consejero de Estado. Cuando se le pregunta si espera cambios en la próxima administración frenteamplista, contesta:

“En principio, dado el grado de conservadurismo de la sociedad uruguaya, diría que no. Pero nunca se sabe. A veces los cambios vienen justamente en momentos en que uno no los anticipa. Y a veces los que son capaces políticamente de hacer cambios duros o drásticos en algunos aspectos son justamente los gobiernos de izquierda. En Europa se han dado varios casos, Tony Blair es uno de ellos, el propio Mitterrand en Francia, Felipe González en España. O sea que no hay que descartarlos. No parece muy lógico, a la luz de la historia uruguaya, pero si uno lo ve en el campo de la historia más amplia, más planetaria o hemisférica, no hay que descartarlos. A mí me parece muy significativo el caso del socialismo europeo.”

Y haciendo referencia a la idea de un “capitalismo serio” que expusiera el senador Mujica hace unos meses, sostiene:

“A veces los socialistas, llegados al gobierno, tienen un grado de disciplina en términos fiscales, un manejo del Estado superior a los hombres conservadores que vienen de la derecha.”

Végh encabezó la implantación del neoliberalismo en nuestro país. Su razonamiento aparentemente desideologizado y apoyado sobre un sólido realismo político, pasa por la necesidad de generar estabilidad social y eficiencia económica.

Su apuesta a una “izquierda” que profundice los cambios en sentido neoliberal y fondomonetarista podría sonar descabellada. Sin embargo, la hegemonía neoliberal se reproduce aún con alternancias entre administraciones y hasta entre regímenes de distinto pelo, siempre y cuando no sea afectada su preeminencia en la economía y el mercado.

Otro es el talante de la visión liberal. Sanguinetti, abogado, periodista, presidente de la República en dos períodos, antimarxista y antipopulista visceral, declaró el pasado 15 de febrero, luego de jurar como senador:

“En 1985, luego de conducir un proceso de negociación muy trascendente, alcanzamos el gobierno para la sociedad democrática y pudimos conducir lo que entonces llamamos un cambio en paz. En aquel momento había gente presa, entre otros el hoy senador Mujica, y también había militares con recelo y mucha carga de pasiones en la sociedad. El gobierno y la sociedad actuaron con gran generosidad de espíritu, con el juego de amnistías y leyes de reparación, lo que permitió transitar sin las violencias que tuvieron que pasar otros países.

“De algún modo, lo que está ocurriendo hoy, tanto desde el punto de vista político como personal, es la culminación de aquel cambio en paz. Desde el punto de vista de nuestra conciencia cívica esto nos gratifica y nos da una enorme tranquilidad.”

El protagonismo de Sanguinetti en las últimas décadas es notorio. Pero la historia no coincide con su mitología. De hecho, el “cambio en paz” fue un largo proceso en el que primero fue el candidato militar (1984); y luego en ejercicio en la Presidencia protegió violadores de derechos humanos impidiendo la acción de la Justicia y sobre todo implementó y legitimó personalmente el modelo que provocó la actual crisis social.

En realidad, el discurso de este apóstol liberal se acomoda al acontecimiento, cargándose de ambigüedades, particularmente en relación al tendal de víctimas que han dejado las políticas neoliberales que aplicaron el propio Sanguinetti, Lacalle y Batlle. Después de una derrota electoral histórica, sólo le resta enfatizar el protocolo, la ceremonia, el rito, y prepararse para el momento oportuno de la oposición pura y dura.

El Editorial de El País del 4 de marzo constata respecto de los ex presidentes citados:

“Nadie puede ignorar que en determinado foco de la sociedad, en los niveles de pocos recursos, estos tres ciudadanos están satanizados.”

Sin embargo, se abstiene de profundizar más en este asunto. Simone Weil definiría esta actitud típica de la derecha como fuga ante la responsabilidad.

En resumen, vivimos una coyuntura de profundas expectativas, populares y de las otras… *

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