LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Escrito por: JUAN MENDIETA

Miércoles 09 de marzo de 2005 | 7:37
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Tomando conciencia

Se publicó hace unos días una carta de una lectora en la que nos reprocha (cuando digo nos, me refiero al diario) haber usado el verbo concienciar en lugar de conscientizar. La lectora, que exhibe sólidos conocimientos en la materia y cita a Piaget y a Raymond, explica que el término conscientizar integra el vocabulario específico de la psicología analítica, “donde se desmenuza el proceso cognitivo: consciente-inconsciente-conscientizar”.

Debo decir, con todo respeto por la lectora pero quebrando una lanza por el corrector, que el verbo que ella reivindica no está registrado por el diccionario de la Real Academia: conscientizar no existe en el idioma castellano; del vocablo consciente el mataburros salta a conscripción.

Para expresar la idea de tomar conciencia de algo o –para decirlo en términos del propio diccionario– “hacer que alguien sea consciente de algo”, el español cuenta con el verbo concienciar, verbo que, en su forma pronominal (concienciarse), significa “adquirir conciencia de algo”. No sé si la definición dada por el diccionario se adecua al concepto de proceso cognitivo a que alude la lectora, pero creo que el corrector actuó de acuerdo con su leal saber y entender.

Ahora bien, lo que tal vez éste ignoraba es que la Academia ha incorporado recientemente –como americanismo– el verbo concientizar (no con ese ce sino sólo con ce), como sinónimo de concienciar, según pude saber mediante consulta en la página cibernética de la Real Academia, que se ocupa de actualizar permanentemente el castellano.

No olvidemos que las academias van dando entrada a voces nuevas y adecuando las normas a la realidad lingüística forjada por la comunidad. El idioma es un hecho social y, como tal, evoluciona y se modifica permanentemente. Si así no fuera –si las sociedades no innovaran y las academias no registraran y terminaran por admitir las variaciones impuestas espontáneamente por el colectivo– nosotros, los hispanohablantes de comienzos del siglo XXI, seguiríamos comunicándonos en la lengua del Lacio puesto que el castellano, que con razón tanto veneramos, no es sino una deformación del latín vulgar que se hablaba durante el Bajo Imperio. Cuando en plena Edad Media Nebrija redactó la primera gramática castellana de que se tiene noticia, no hizo más que recoger la realidad lingüística y sistematizarla.

Para concluir con toda esta perorata y volviendo al asunto que me ocupa, debo decir que, ejerciendo el papel de árbitro que me he arrogado en esta contienda, procedo a declarar un empate: luz verde para usar el verbo concientizar para expresar la idea de tomar conciencia, a condición de que su grafía no contenga una ese antes de la segunda ce.

–Mire, Mendieta, usté puede tomarse todas las conciencias que quiera, pero lo que es yo, prefiero tomarme una con limón.

–¡Qué lo parió! *

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