El destino del 180
Caminaba las otras tardes por la avenida 18 de Julio, frente a la explanada de la Sucursal 19 de Junio del BROU, cuando me asombró ver que el destino que anunciaba un ómnibus de transporte urbano el 180- era «Plaza Gerardo Cuesta».
Esa Plaza, situada en el Cerrito de la Victoria, fue levantada gracias al tesonero esfuerzo de un grupo de veteranos dirigentes y militantes sindicales, contando con el apoyo de la IMM, la Junta Departamental de Montevideo y el PIT-CNT. Es un acogedor rincón en la esquina formada por las calles Londres y Jaime Roldós y Pons, que tiene un pedestal con una estela escrita, coronado por un busto de quien fuera dirigente del gremio metalúrgico, impulsor del proceso que desembocó en la unidad sindical de los trabajadores uruguayos, secretario de organización de la CNT y, como tal, responsable del seguimiento de la huelga general que enfrentó a la dictadura en 1973. Murió, prisionero de la dictadura en el Hospital Militar, en 1981. Su dedicación, estudio, valentía, comprensión y modestia, han hecho que lo distingamos como representativo de la generación de dirigentes sindicales que fueron precursores del proceso de unidad que hemos vivido los uruguayos a lo largo del siglo veinte.
Por eso es que, al ver su nombre transformado en una referencia para el viandante, ubicándolo en un rincón popular de la ciudad, sentí la extraña y reconfortante sensación de apreciar cómo, poco a poco, aquellos que fueron mis maestros primero y mis compañeros luego, se van imbricando en el paisaje ciudadano, se van introduciendo en la historia de lo mejor que hemos construido los uruguayos.
Pero, extrañamente, ese sentimiento se une con otro que es contradictorio: ¿No corremos el peligro de que esa referencia se vacíe de contenido y se transforme en un lugar más de la Capital, ausente de conocimiento expreso de su significado para mis compatriotas? Para evitar esta última circunstancia es necesario cultivar la memoria histórica para que quienes vienen detrás valoren cabalmente el significado del nombre de una plaza, de una calle, o de un pasaje.
Todo esto viene a cuento porque en el discurso pronunciado por Tabaré en la ceremonia de declaración de fidelidad constitucional ante la Asamblea General Legislativa expresó que «el nombre de José Artigas nos impulsa y convoca. Su ejemplo nos inspira y compromete». En ese momento reviví las palabras que escuché en boca del General Seregni, el 26 de marzo de 1971 en la Explanada Municipal. En aquella oportunidad, en la primera presentación multitudinaria del Frente Amplio, el General culminó su discurso invocando «al padre Artigas», anunciándole que allí estaba su pueblo para recoger y defender su legado.
Tabaré agregó más, para destacar que no se trata sólo de palabras retóricas, cuando nos invitó «a trabajar juntos en la construcción de un Uruguay donde nacer no sea un problema, donde ser joven no sea sospechoso, donde envejecer no sea una condena. Un Uruguay donde la alimentación, la educación, la salud y el trabajo decente sean derechos de todos y todos los días; un Uruguay confiado en sí mismo; un Uruguay que recupere su capacidad de soñar y de hacer sus sueños realidad».
En definitiva, llenar de contenido nuestras consignas y nombres más queridos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad