Por el buen camino y con los obstáculos pigmeo

Los anuncios y los primeros actos de gobierno marcan con trazo firme un rumbo netamente favorable a los intereses populares. Señalan un norte inequívoco: la reconquista de la dignidad material y moral de la inmensa mayoría de los ciudadanos de esta república, de la multitud innominada que ha sido objeto del despojo, la discriminación, la injusticia y el desinterés de las autoridades bajo los sucesivos gobiernos neoliberales y afines.

Como era previsible, la respuesta que se insinúa por parte de las grandes mayorías ciudadanas es de apoyo a ese rumbo y de serena expectativa para que las decisiones se transformen en conquistas morales y beneficios sociales tangibles, constatables en la familia trabajadora, en los barrios y en todas las ciudades del país.

En una república como la nuestra, con una tan densa tradición política, donde la gente está acostumbrada a buscar información porque quiere tener opinión; en un país como el nuestro que cuando se desarrollan hechos políticos trascendentes (como la alocución del doctor Tabaré Vázquez ante la Asamblea General, o su discurso frente a la multitud congregada en Av. Del Libertador, como cuando el Presidente Hugo Chávez hace uso de la palabra), es dable observar en las calles de Montevideo a miles de personas escuchando una radio portátil, porque no quieren permanecer al margen de los acontecimientos políticos.

Esa población con tradición democrática y que «quiere saber de qué se trata» ha comprendido rápidamente la dirección que adquiere la acción del gobierno presidido por el doctor Vázquez.

En el inicio de un nuevo gobierno las decisiones contienen un fuerte elemento simbólico. Las realizaciones son un compromiso, apenas se han anunciado, pero la población siente que marcan el rumbo que las mayorías anhelan y que en los tiempos más perentorios los compromisos con las necesidades del pueblo serán honrados como corresponde a la identidad y a la tradición de una fuerza política cuyo compromiso esencial es con su patria y su pueblo.

Mientras tanto ¿qué está pasando con los voceros de la oposición?

Para empezar, así como la izquierda se inicia en el gobierno, ellos transitan el hasta ahora desconocido camino de no estar en las posiciones de mando, la senda virtuosa de ser ciudadanos de a pie.

Pero todavía conservan en sus gestos, en el alzado de sus mandíbulas, en su retórica grandilocuente, las huellas que deja el ejercicio prolongado del mando.

¡Oh, milagro democrático!, los nacidos-para-mandar ya no mandan.

¡Qué situación tan novedosa y tan original! ¡Después de tantos años! Pónganse ustedes en su lugar. ¡Tener que «soportar un Presidente de izquierda», un civil dispuesto a ejercer efectivamente el poder con arreglo a la Constitución y la ley!

También los primeros pasos dados en materia de política internacional causan espanto a los cultores del pensamiento obediente, de la servidumbre consentida.

Se acabó la docilidad ante el gobierno de los Estados Unidos que nos convirtió en el hazmerreír de la región.

Acuerdos con el Gobierno Bolivariano de Venezuela transitando un camino de integración auténticamente latinoamericanista, contrario a adscribirnos como furgón de cola del proyecto imperialista del ALCA.

Acuerdos con Kirchner para profundizar el fortalecimiento de las instituciones democráticas en el marco del fortalecimiento del Mercosur.

La ruta está trazada para convertir al Uruguay en una comunidad republicana de hombres dignos. Este gobierno accedió a la primera magistratura con más del 50% del apoyo de la ciudadanía. Está lejos de haber llegado a su «techo». Pronto esos porcentajes estarán más altos, como ocurrió en Montevideo después de la primera gestión municipal de la izquierda.

Para eso ayudarán las realizaciones del gobierno, la participación del pueblo y la mentalidad pigmea de los opositores. *

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