Al encuentro con la utopía

El 1º de marzo miles y miles de uruguayos vivimos una enorme alegría, honda, largamente acariciada, obra de generaciones. La izquierda llegó finalmente al gobierno después de una victoria electoral prácticamente sin precedentes.

Más de un siglo de luchas y de trabajo ahincado y sacrificado. Fue difícil construir la unidad, porque de estimular las divisiones se encargaron con perseverancia, y hasta con malas artes, tanto desde dentro, como desde las tiendas de enfrente.

Pero la izquierda uruguaya dio una lección unitaria, y después la militancia supo desalentar deserciones, que murieron en soledad y desaliento, que han llevado a los réprobos a este lastimoso presente. El ejemplo de unidad es un ejemplo a nivel del mundo todo.

El alumbramiento político estuvo precedido de la unidad sindical construida en la década del sesenta, unidad forjada por militantes formidables, que supieron superar diferencias y hasta confrontaciones personales que habían sido muy duras. Y por un movimiento estudiantil generoso y formador de una militancia todavía hoy detectable.

Y una generación de líderes políticos de excepción, con el general Seregni a la cabeza, le dieron forma a la unidad política. A ese proyecto se unieron hombres que supieron anteponerlo todo, y por eso han pasado a la mejor historia, a esa historia que hoy recoge sus frutos. Allí estuvieron, codo con codo, Arismendi, Cardozo, Terra, Michelini, Roballo, Rodríguez Camusso, Erro, Héctor Rodríguez –el propio Sendic como francotirador por la libre–, el apoyo e impulso de don Carlos Quijano, y muchos otros que resulta injusto no nombrar. Se unieron e hicieron explotar la alegría, que desbordó en lágrimas de regocijo en aquel hermoso e inolvidable 26 de marzo de 1971.

Pasó airoso su primer compromiso electoral, porque asombró con una militancia jamás igualada. El Frente –dentro y fuera del país– sufrió y sobrevivió a la dictadura, cuando muchos apostaron desde dentro de la propia dictadura –pero también a su vera– a la desaparición definitiva del Frente prácticamente recién nacido.

El Frente experimentó crisis y deserciones, pero nunca, nunca dejó de crecer. Más aun, cuando se produjo quizás el mayor desgajamiento electoral, el de la Lista 99 y el PDC en 1989, obtuvo la primera gran victoria electoral, llevando a Tabaré Vázquez a la Intendencia de Montevideo.

Y ahora, como paso previo a la llegada efectiva al gobierno, se ha realizado un proceso de transición sin precedentes. Una transición madura, abierta, reflexiva, demostrando que la mayoría absoluta no obnubila ni otorga patente de corso.

Y los cambios electorales se fueron acentuando por méritos propios y por deméritos ajenos. Mérito propio por no mentirle a la gente. Convencerla de que los hechos se correspondían y se corresponderían con los dichos. Mérito propio fue convencer al electorado de que había un programa de gobierno, y convencerlo de que ese programa se habrá de cumplir.

Y ha sido mérito propio, y mérito mayor, formular una estrategia prolija, serena, pausada, que llevó a Tabaré y los suyos a recorrer todos los rincones del Interior del país, para constituirse en una fuerza nacional y respetable, donde hace años tenía y tuvo una presencia difícil, y a veces, casi testimonial.

Y ha sido mérito propio, muy personal de Tabaré, acercar al Nuevo Espacio, lo que permitió lograr la mayoría inusual y sin precedentes, que había impuesto una Constitución pensada por algunos, con la única finalidad de cerrarle el paso, por décadas, al Frente Amplio. Sólo les queda ahora imponer el voto calificado. Y oponerse con uñas y dientes al voto consular o epistolar como se arbitra en sus bien amados y admirados países del primer mundo.

Pero es de recibo hacer algunas puntualizaciones, más cuando muchos disuelven diptongos, y entonces hay que poner los puntos sobre las íes.

Y podemos hacerlo porque no formamos parte del equipo de gobierno. Somos militantes de siempre y de base, sin mandatos y por tanto no necesitamos autorizaciones. Quienes forman el equipo de transición, con buen criterio, no deben, ni es bueno que echen leña al fuego, porque los intereses de un buen gobierno deben estar por encima de estas puntualizaciones.

Pero hemos considerado necesario hacerlo porque hay mariscales de la derrota que quieren aparecer magnánimos y como generosos responsables de que la izquierda haya podido llegar al gobierno.

Cuando la estrategia, vieja, pulida y pensada, fue cerrarle los caminos, sin ahorrarse todos los procedimientos, y todas las trampas.

Pero no ha sido así. Son sus deméritos los que los han llevado a esta derrota tan dolorosa. Sus deméritos, practicados sin solución de continuidad durante estas dos últimas décadas, son los que los han llevado a este desacomodo colectivo.

Durante estas dos décadas han desvirtuado, con meticulosidad casi perversa, la igualdad entre los orientales. Han dejado crecer la corrupción, han perfeccionado el acomodo y el clientelismo indecorosamente, con mecanismos sofisticados. Y lo han hecho, políticamente, con cohesión coalicionaria de vasos comunicantes.

Y un ejemplo del desprecio hacia sus electores. La transición anterior estuvo precedida por aquel documento, que el presidente saliente firmara después de la primera vuelta electoral, cuando se asegurara el apoyo nacionalista para el balotaje. Aquel documento –firmado en la sala del Honorable– no tuvo nada de tal, fue desdoroso, un verdadero contrato de adhesión que unos y otros sabían que no se cumpliría en ninguno de sus artículos. Salvo una excepción, la constitución del Ministerio de Deporte, para un señor que se dedicaría, con colosal ahínco, a la competencia desleal, la de fabricar ñoquis con recursos estatales.

Han negado la corrupción y el clientelismo. La corrupción, en algunos casos, pocos, ha sido hasta probada judicialmente. Pero no se trata de eso. La corrupción y el clientelismo campearon en estos últimos años, con entusiasmo coalicionario. La gente ve la evolución económica de muchos gestores de primer nivel, y no abriga dudas.

De la corrupción la gente tiene la convicción absoluta. Y la convicción ciudadana no requiere elementos de prueba codificados. La convicción integra el derecho de cada uno. La gente, además, sabe que los corruptos no son zonzos: no hacen como Pulgarcito y van dejando granos a su paso, por el contrario se ocupan de que no quede ninguno.

Pero no está de más repetirlo: de que fueron corruptos, de que lo son, la gente tiene la convicción absoluta, y tiene derecho a guiarse por sus convicciones.

Y del clientelismo y el acomodo nadie, que transite por este país, puede dudar. No lo han hecho en la oscuridad, lo han practicado hasta gozosamente.

Pero la gente les recrimina cosas peores. La pobreza que nos avergüenza; un récord de deuda externa a nivel mundial; la salud en crisis; las cárceles vergonzosas; los servicios esenciales tratados como parias presupuestales; la imprevisión como política de Estado; la injusticia, el descontrol y la insensatez impositiva. En síntesis, todo de a poco, a la marchanta.

Y la gente, mariscales, se hartó. Pruebas al canto: los tres Presidentes que han ocupado el cargo en estos últimos veinte años, recogieron en sus listas seis senadores. El mismo número que el sublema de los viejos tupas y rehenes, que con camperita y en una motito, ayudaron a dar vuelta a la gente, que fundamentalmente lo que captó en ellos fue el mérito de no versearla.

Se llenan la boca porque pocos han ido a la cafúa por corrupción. Hubo pocos procesados, pero los hubo, los más desprolijos. Pero a la gente no puede exigírsele la meticulosidad de los pro
cesos judiciales, porque la gente, el común detecta y condena a los corruptos por sus frutos, y no se equivoca. Además está en su derecho, y ha marcado a fuego a los mariscales del pelotón y a sus socios prácticamente confesos.

El pueblo no necesita de sentencias, muchas veces sujetas a juegos chicaneros. Y se fortifica su convicción al ver que los corruptos conservan puestos y prebendas, ya que se protegen por el conocimiento de las corruptelas y prebendas mayores de los mariscales y de sus íntimos.

Mariscales: nuestra victoria electoral no es fruto de vuestra generosidad; la hemos obtenido por méritos propios, por el sacrificio de generaciones de hombres y mujeres que han apostado a la esperanza, y que van tras la utopía, con el ánimo templado y el pulso sereno.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje