Olof Palme: a 20 años de un magnicidio impune

El 28 de febrero de 1986 el mundo se sacudió ante el asesinato del Primer Ministro sueco, el social demócrata Olof Palme, un baluarte de la clarividencia y de la comprensión del mundo y sus problemas.

Palme, de origen adinerado y con tintes de nobleza, había nacido en 1927 y no había cumplido 60 años, cuando fuera asesinado por un sicario en la noche de Estocolmo, al salir de un cine con su esposa, y cuando a pie, como dos ciudadanos del común, iban a tomar el metro en aquella hermosa ciudad. Con sencillez republicana y sin un custodio. El magnicidio ocurrió a las 23 y 21 de aquel fatídico 28 de febrero, y nacía un mártir de la humanidad.

Un hombre inteligente, muy inteligente, generoso, vivaz, bien informado, un estadista como pocos, fue además un hombre de gran precocidad. A los 26 ya era la mano derecha de Tage Erlander, el hombre que llevó a la social democracia sueca al gobierno en el siglo pasado, transformando en próspero aquel admirado país, que un siglo atrás había sido un país signado por la emigración y la pobreza.

Palme lo sucedió, como secretario del Partido y como Primer Ministro, cuando tenía 42 años, y ocupó durante tres períodos la Presidencia del gobierno, desde 1969 hasta 1986, cuando fuera asesinado, con un interregno de gobierno burgués entre 1976 y 1982.

Quienes como yo hemos recibido el apoyo sueco en horas difíciles sabemos de la solidaridad de aquel pueblo, que nos ha quedado grabada por siempre. Más aun, hoy tener la doble nacionalidad es un legítimo orgullo que nunca dejamos de hacer público.

Pero Palme, por encima de cargos y responsabilidades, era un hombre superior. Un hombre que no se cerró en su próspera Suecia, y salió como un Quijote a pelear, con razones y fervor, por los pobres y agredidos del mundo, tanto mujeres y hombres como naciones.

No habló de globalizaciones, las sintió, y luchó contra la explotación, y la agresión de un imperialismo inhumano, feroz y criminal.

Y era un hombre sensible, cordial, sonriente, vivaz, que trasmitía su humanismo sin necesidad de poses o palabras explicativas. Verlo sonreír, comprensivo, con aquella nariz aguileña y los lentes a medio montar, trasmitiendo tanta seguridad como certezas, era entenderlo.

Verlo comparecer en debates, con una dialéctica tan efectiva, como nada hiriente, significaba hacer un postgrado en la materia.

Se jugó por el tercer mundo, por el desarme, condenó con fuerza e hizo frente a la agresión de Vietnam. Suecia, con su dirección, recibió a los desertores y los protegió. Cuando lo asesinaron se vivía la crisis de Libia y la resistencia orgullosa de Kadhafi podía predecir un nuevo desborde del imperialismo. Y Palme, como la trilogía socialdemócrata de alto prestigio que integraba con Brandt y Kreisky, sería un escollo para la prepotencia imperial.

El asesinato sigue siendo un episodio no aclarado y su prescripción se producirá el 28 de febrero de 2011. Quizás para esa fecha la apertura de cajas secretas que están de este lado del océano nos traigan la confesión de la ignominia.

Siempre recuerdo una anécdota. En el infierno, en Punta Gorda, una de las casas de la infamia de nuestra dictadura, un torturador apuraba una confesión de alguien que valientemente se resistía. Y la voz del torturador se oyó sin tapujos: «podrás no cantar y en una de esas te sueltan y te vas, pero tené en cuenta que no valés nada, y si la boleta de Trabal nos costó U$S 2.500, la tuya la hacemos por monedas». Algo me dice que el magnicidio fue eso, la tarea de un sicario armado por quienes todos adivinamos.

En Suecia no había habido magnicidio desde 1796, cuando Gustavo III fuera asesinado por aristócratas. Y ahora vemos con tristeza lo ocurrido con Anna Lindh, víctima de su andar con sencillez republicana, y asesinada a cuchillo por otro sicario.

El 28 es hora de recogimiento. Pero es hora de manifestarlo, porque la memoria de Palme no sólo lo merece.

Nos obliga.

En razón de todo ello, 28 suecos que están con nosotros, y orientales que nos sentimos consustanciados con Suecia, nos reuniremos mañana a las 20.00 horas, en el Espacio Libre Olof Palme, en José Batlle y Ordóñez y Solferino, donde se descubrirá un busto, obra honoraria del escultor Carlos Medina, realizado con apoyo sueco. En la ocasión hablarán el intendente de Montevideo Pérez Piera, y un representante de la delegación sueca.

Luego en el Club de Pescadores de Montevideo, frente a las canteras del Parque Rodó, y al lado del Monumento al Holocausto, se celebrará una cena de recuerdo, pudiendo inscribirse por el teléfono 4025228, o en Gaboto 1482.

Son citas con la memoria de un hombre superior. *

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