Dos referentes entrañables

El desarrollo de las convenciones departamentales –especialmente la nuestra, la referida al EP- FA-NM en Canelones– sirvió, entre muchas otras cosas, para traer a la memoria y homenajear como consecuencia, a algunos de aquellos que fueron forjando la grandeza de nuestra fuerza política y, por tanto, artífices también de la victoria obtenida el 31 de octubre pasado, que ya no están entre nosotros.

Es el caso de dos médicos referentes de primer nivel a quienes siento la necesidad de recordar, aunque brevemente, sin más postergaciones.

Quiero revivirlos como hombres más que por su calidad de médicos, lo que no implica en absoluto desconocer la importancia que tuvo esa profesión y todo lo que la misma representó y aún hoy mismo significa para el crecimiento de nuestro Frente Amplio canario.

Estoy haciendo referencia a Hugo Heijo y Armando Lena.

Dos entrañables compañeros que tuve el gusto de tratar y recibir, de ambos, la calidez de su aprecio, hecho que valoro aún más que las tareas compartidas, que no han sido pocas y menos aun carentes de importancia.

Los recuerdo como personas comprometidas con su gente y con su tiempo; no como dioses, ni como paradigmas, sencillamente como hombres de carne y hueso, con sus pasiones, virtudes y errores, fortalezas y debilidades, pero en ambos casos y como un común denominador, por la autoridad que trasuntaban y el respeto del que fueron –y seguirán siendo– merecedores.

Uno de ellos, Hugo Heijo Sosa, descendiente de españoles. «El gallego», como afectuosamente le llamaban algunos muy allegados, porque para los demás –entre los que me cuento– era «el doctor Heijo», dueño de una personalidad singular que le permitió desempeñar una difícil tarea como fuera la de presidir el Frente Amplio de Canelones durante la clandestinidad que impuso la infame dictadura y por varios años más, recuperada ya la democracia en el Uruguay.

Claro está que no las tuvo todas consigo, que su gestión tuvo luces y sombras, pero los logros y avances –que en definitiva son los que cuentan– indican al finalizar el balance que el saldo fue altamente positivo.

Recto, austero y firme, no andaba con vueltas ni transaba a menudo. Sin embargo, debajo de esa piel ya envejecida, de esa corteza endurecida para protegerse mejor de las inclemencias del tiempo y de algunas mezquindades humanas, asomaba un alma noble, sensible y hasta me atrevo a asegurar que tierna.

Bastaba conocerlo un poco nomás, para descubrirle el alma sin necesidad de rascar ni ahondar demasiado. Aquellos que tuvimos la fortuna y el privilegio de tratarlo como amigo más que compañero –pese a las diferencias generacionales y a tratarse de una relación personal que no superó las dos décadas–, sabemos que se le escapaba el alma grande, que no podía, aunque a veces procurara, ocultar.

Artiguense de origen, afincado por décadas en Las Piedras, fue un referente local, zonal y departamental. Integró en más de una oportunidad la nómina de suplentes que acompañó a quienes fueron, en diferentes etapas, candidatos a la Intendencia Municipal de Canelones; la misma que ahora y gracias a su encomiable labor, está cada día más cerca.

Edil local pedrense durante la administración del doctor Andújar, lo que constituye otra arista común con el otro amigo que evocamos hoy, el también edil local, pacense o paceño en este caso, el inolvidable doctor Lena.

Armando Gualberto Lena Meleri, el muy querido Armando, o el doctor Lena para miles de personas que a él acudían, era descendiente de italianos que vinieron a nuestra ciudad durante el siglo XIX y hasta casi la mitad del XX, atraídos por la actividad incipiente de la industria y el comercio y, en particular, de algunas canteras así como de diferentes servicios vinculados a ellas que fueron conformando el pueblo y forjando esa identidad que lució La Paz hasta pocas décadas atrás y que algunos nos esforzamos empecinadamente por mantener.

El médico de los pobres, porque así se le llamó y eso fue –dado que atendió más gente a la que no le cobró que a la que sí y que además del servicio gratuito les proporcionaba el medicamento– era un hombre bueno, afable y manso; que hablaba en voz baja, como si permanentemente nos estuviese haciendo confidencias.

Este año, el 19 de agosto para ser precisos, se cumplirán 10 años de su muerte. Nuestro pueblo, lejos de olvidarlo, lo añora permanentemente y lo demostrará seguramente en uno o más homenajes que oportunamente se le tributarán.

Valen para Armando los mismos conceptos que líneas arriba utilicé para Heijo en cuanto al papel jugado, sobre todo en lo que a caudal de votos para ir acercándonos al triunfo se refiere. Si bien no fue un militante orgánico como sí lo fue «el gallego», representó como edil local al Frente Amplio durante el único período en que se integraron las Juntas Locales y formó parte –al igual que aquél– en más de una oportunidad, de la nómina de suplentes del candidato frenteamplista a la Intendencia de Canelones.

Recuerdo que, en 1989, la Mesa Departamental del Frente me encomendó entrevistarlo a efectos de solicitarle nos acompañara (una vez más) en la fórmula a presentar para las elecciones que tendrían lugar en noviembre de ese año.

Combinamos que me recibiría después de la consulta y antes de sus ya legendarias salidas a visitar enfermos.

Para los que no conocieron a este original médico y singular hombre que fue Armando, les cuento que la reunión tuvo lugar a medianoche, que no me dejó ni terminar el planteo señalando –como siempre– su aceptación y buena disposición; que nos tomamos un cognac cada uno (fue durante el invierno) y que hablamos de muchas otras cosas por espacio de una hora. Y agrego lo siguiente, porque quiero que conste: la conversación no duró más que esa hora porque yo era plenamente consciente de que había gente que lo aguardaba en sus domicilios y porque Armando, ese gran hombre, no la habría postergado por nada del mundo. Para estos dos entrañables hombres vaya mi respetuoso reconocimiento. A la vida, mi gratitud –entre tantas otras cosas– por la oportunidad y el privilegio de haberlos conocido.

Ya no están entre nosotros, pero siguen y seguirán con nosotros. *

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