Las intendencias en un contexto de cambios
Se han instalado vientos renovados, nuevos olores, energías renovadas, se ha producido y rescato como lo más positivo, un avance ideológico en la sociedad uruguaya de estos tiempos.
Hemos ingresado a los tiempos en los cuales lo estrictamente referente al ser humano es la prioridad. Un gobierno nuevo ha llegado y con él un nuevo modelo de hacer política. Para aquellos que piensan que la política es lo que han visto hasta hoy, me gustaría advertirles que el pueblo eligió otro camino, otra forma de hacer política.
Pues bien, en ese sentido es que me gustaría hacer unas breves reflexiones que puedan aportar a la elaboración teórica que estoy seguro TODOS seremos capaces de aportar para ella.
El acceso al gobierno y al poder de los sectores progresistas y de la izquierda tradicional necesariamente afecta e impacta sobre los distintos roles que deben asumir, no sólo el gobierno nacional, sino y sobre todo en ese contexto de cambios, las intendencias municipales de todo el país.
El gobierno municipal debe y tiene que redefinir qué papel debe desempeñar ante la realidad que se le presenta, pero sobre todo y fundamentalmente aquellos roles para los que tiene competencia específica y ensamblar aquellos otros que no le competen formalmente pero que tiene que desarrollar igual.
De esta manera, racionalizando la gestión de gobierno municipal, asumir eficientemente aquellas cosas que son de responsabilidad social compartida, generada o delegada.
En la República Oriental del Uruguay, el sistema de políticas sociales es de competencia nacional y la sociedad está esperando, consciente o inconscientemente, que el gobierno atienda debidamente las necesidades básicas insatisfechas. No reconoce, mayoritariamente, si la responsabilidad recae sobre el gobierno nacional o sobre el gobierno municipal; ella recurre ante cualquiera de los dos a reclamar lo que entiende que el gobierno le debe dar.
En un modelo de gestión participativa que desde la Intendencia Municipal de Montevideo hemos llevado adelante y pretendemos duplicar hacia las restantes 18 Intendencias Municipales, es de suma importancia la construcción no sólo en el discurso de políticas públicas, sino y fundamentalmente en la aplicación real de ese discurso, de un nuevo criterio que es el de «costo-eficiencia».
Es así que debemos erradicar de nuestro vocabulario la asociación inmediata que debe quedar en desuso del vocablo «costo-beneficio».
Si logramos encauzar a la sociedad hacia la absorción de esta nueva modalidad, y logramos definitivamente involucrar de forma permanente a la sociedad toda, entonces y sólo entonces, podremos afirmar categóricamente que los cambios llegaron para quedarse. Lo permanente será el cambio. Comenzaremos una etapa de democracia avanzada.
Por otra parte, debemos ser claros y aceptar pasivamente que para aquellos ciudadanos que no son de izquierda, no están consecuentemente predispuestos a actuar o no, en un modelo de participación ciudadana con un contexto más equitativo de peso político-electoral.
También debemos ser precisos en cuanto al alcance que del término participación se realiza; así es que surgen como dificultad las distintas consideraciones que se tienen sobre la participación y cómo se participa, así como las consideraciones del propio contexto en que se realiza. Además es necesario que se valore la participación desde la propia percepción de los actores involucrados y se visualice su incidencia efectiva en las reales decisiones. Es muy común la percepción de que existe la tendencia a descalificar la participación, ya por el escaso número de participantes y/o ya por la esencia cualitativa de la misma. La propuesta para motivar la participación debe tener en cuenta el propio contexto e idiosincrasia de la gente para que ésta se involucre. *
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