Argentina y el FMI: un ejemplo a tener en cuenta

Creemos del caso aclarar que las experiencias ajenas no pueden extrapolarse pues cada país tiene sus características propias, sus potestades, sus recursos, su idiosincrasia, y las situaciones frente a un mismo problema no pueden resolverse de manera idéntica.

Ahora bien, hecha esta aclaración, corresponde destacar como ejemplo a tener en cuenta el éxito obtenido por Argentina en su audaz decisión de no pagar ni capital ni intereses de la mitad de su deuda.

Al respecto, resulta pertinente transcribir parte de unas lúcidas reflexiones de Alfredo Zaiat, en las que se analiza la realidad económica argentina actual.

«Pasaron 38 meses sin pagar el capital ni los intereses de la mitad de la deuda. Y no cayó sobre el territorio ninguno de los rayos y centellas que pronosticaron los economistas-astrólogos. Resulta interesante y aleccionador realizar un provisorio balance de esa ruptura temporaria con los dueños de títulos de deuda.

La economía ha crecido en los dos últimos años a un ritmo chino del nueve por ciento anual; registró inéditos superávit gemelos –comercial y fiscal–; la industria sustitutiva de importaciones ha recuperado terreno en forma vigorosa; los bancos han recompuesto en gran parte su actividad y ya registran ganancias; la mayoría de las privatizadas está aumentado la provisión de servicios ante un consumo creciente; la inflación no se ha disparado; la inversión también ha retomado un sendero positivo, si bien ha sido con autofinanciamiento y no con asistencia bancaria; el empleo ha iniciado un persistente crecimiento; y los índices de pobreza e indigencia han retrocedido, aunque no al mismo ritmo que el repunte del Producto Interno Bruto.

Esta recuperación tiene un origen indudable: la devaluación y la declaración de la cesación de pagos. Esto no implica que esas medidas y también errores de política económica (por caso, la escandalosa pesificación asimétrica) no hayan generado descalabros de proporciones, pero éstos fueron los inexorables ante la imprudente extensión de la agonía de la convertibilidad.

Ha quedado en evidencia que los fantasmas acerca de ‘dar la espalda al mundo’ o de ‘negociar de buena fe’ o de ‘no van a venir inversiones’, repetidos hasta el cansancio en estos años, han quedado en el ridículo, del mismo modo que aquellos que los vociferaban.

También es cierto que el gobierno podía haber aprovechado un poco más el favorable contexto del default para avanzar sobre reformas pendientes, suponiendo que tiene voluntad de hacerlas, como la previsional y la tributaria. Ahora, con un sendero futuro de más pagos de deuda, el desafío es si sin estar en default se pueden generar las condiciones para mejorar la pésima distribución del ingreso.

Quedó demostrado que los países no se detienen por el default. Y, a esta altura, con los resultados a la vista y por todo lo que ha enseñado de las miserias del mundo financiero, se merece un reconocimiento».

Precisamente, de eso se trata: de reconocer que la decisión del presidente Kirchner echó por tierra mitos y tabúes hasta hoy indiscutibles; barrió con falsas premisas presentadas como axiomas; redujo a polvo los dogmas más caros al fundamentalismo libremercadista.

Es un ejemplo inmejorable para que los dirigentes políticos del Tercer Mundo comiencen a cuestionar las ideas-guía del pensamiento único del neoliberalismo. Ese pensamiento que pretende maniatarnos, ahogar toda expresión rebelde, obligarnos a la resignación y renunciar a la utopía. *

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