La derecha se reagrupa

Hay épocas en que priman líneas conservadoras y otras las progresistas en materia política. O sea, la teoría del péndulo. Y sucede en todas partes del mundo. En la América nuestra, no obstante estar sometida al dominio yanki, imperio conservador, hoy vive en la mayoría de sus naciones una definida tendencia de izquierda. Uruguay es el último en estar en el ciclo y comienza el inicio de su arco pendular. Claro, la derecha aunque perdidosa ocasionalmente, no desapareció ni mucho menos. Sus centros de poder, sus influencias internas y externas, su maniobrabilidad siguen siendo decisivos en cuanto puedan reconstruir el default, desprestigio y desorden en el que sus cuadros habían caído. Y en los hechos, en eso están. Para examinar la realidad nacional globalmente tomada en las distintas colectividades, vale al respecto la de los partidos tradicionales. En la corriente general de renovación de izquierda a los blancos, que en el pasado habían experimentado similar fenómeno con Wilson y el Movimiento de Rocha, les fue más fácil tal vez por visión o suerte. El resultado es el mismo. Encontró en Larrañaga un discurso y proyecto progresista que adecuó los viejos principios partidarios a la realidad. La ola que venía hacia la «zurda», ayudada por la imagen del candidato de honestidad y progresistas administraciones departamentales anteriores y empuje doctrinario actual, produjo que dirigentes de variados orígenes partidarios, tirios y troyanos, se pasasen a tiendas de Alianza Nacional. Y no tanto por identidades ideológicas o conformidad con el leader sino por razones más «prosaicas», salvar el «pellejo» político. Hay un buen «toco» en las filas, que de izquierda no tienen un «carajo», (con perdón de la licencia). Larrañaga sí; se le puede definir dentro de ese contexto «izquierdoso» nacionalista. Pero, pasado el episodio electoral ya empiezan, aunque suene prematuro, las líneas conservadoras en torno a doctores bien «apellidados» y mejor «pinta», a contratar «jugadores» para reforzar el «cuadro» futuro. Obviamente, en política, las puertas son de vaivén y por ellas se entra y se sale con asombrosa facilidad. Sin perjuicio de otros sectores como el del Cuqui, definido conservador que, viejo dirigente experiente, espera en las «sombras» el desarrollo de los acontecimientos futuros. (¡Hay cinco años por delante!). El Partido Colorado en cambio sufrió la derrota más furibunda de su historia; pasa por el desgaste de sus líderes, y ya jugados a la derecha más recalcada se les ocurrió la candidatura, joven en edad y no obviamente en pensamiento progresista renovador, de Bordaberry a la IMM. Ultimo comicio de la «temporada». En buen romance, echan mano en el último «salto», después hay que esperar cinco años, en un hombre también de buena «pinta» pero de franca y definida ultra derecha. Es evidente, que nadie que lleva el apellido Bordaberry, aunque sea vasco e hincha de Wanderers como yo, puede pensar en atraer el más remoto voto zurdo.

O sea, los colorados resignan las «voluptuosidades» progresistas de izquierda y prefieren afiliarse a ser el partido de las derechas más conservadoras.

Y si fuese así, estoy haciendo futurología partidaria, no está mal pensado, desde sus puntos de vista. A sus viscerales enemigos, los blancos, les van a hurgar en las profundidades cavernícolas conservadoras a las cuales ellos siempre sirvieron con eficacia. Claro, a Larrañaga y su Alianza es poco o nada lo que les pueden hacer por estar justamente el gaucho, en las antípodas del batllismo derechoide. Donde sí pueden competir es con el grupo de Lacalle de similar tendencia, viejo zorro sabe cómo defenderse, o contra el incipiente grupo del senador Gallinal de tendencia derechista definida.

Larrañaga ya tiene lo suyo. Ganó y suma en su haber el reconocimiento general de haber salvado al partido en un momento crítico. Por supuesto que perderá alguna «pilcha del apero», pero el cerno de sus leales lo puede mantener y en cinco años en algún «almacén de ramos generales» del camino puede reponer las «caronas» o «cojinillos» caídos malamente en alguna «banquina». La izquierda no tiene otra, al menos por ahora, que dividirse entre la mayoría frentista y Alianza Nacional. Aquellos con la suma del poder por primera vez, pero también en el peso, por más que se quiera repartir responsabilidades con «mesas de diálogo» y algunos cargos en entes y embajaduchas, de que las cosas cambien como prometieron y para bien.

Alianza en cambio, ayudando sí en lo que nos identifiquemos o coincidamos y en la expectativa natural que da el tiempo y sus resultados. El 1º de marzo empieza el partido de fondo. Como buen hincha de cuadro chico, los bohemios, ya saqué entrada en el talud y estaré «bombeando» prendido del alambrado. Agur. *

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