
En las últimas horas, el gobierno electo da los pasos finales hacia la conformación del plantel que se hará cargo de la conducción del Estado por los próximos cinco años.
El panorama global de la nueva administración no ha sido completado en forma exhaustiva, pero algunos rumbos se pueden percibir con claridad.
Una de las claves de la nueva Administración frenteamplista nace del hecho de que deberá hacerse cargo de un paÃs con sus estructuras sociales fracturadas, con una magnitud sin precedentes en la historia de lo que es nuestra comunidad nacional.
0cación de ciertos conceptos de polÃtica económica y de achicamiento del Estado ha terminado generando una sociedad crispada, con mucha violencia latente donde “el peligro”, está permanentemente presente.
El peligro de quedar sin empleo. El peligro de un desalojo. El peligro de una enfermedad que ataca a familias carentes o con muy deficiente atención de salud. Y, finalmente, el peligro de la violencia urbana, que troncha vidas y destinos de un lado y de otro.
Esa sociedad empobrecida, mal asistida clÃnicamente, desgarrada por tensiones interiores, socialmente injusta, es la que nos deja como herencia el neoliberalismo, la religión del libre mercado, la apologÃa a la ley de la selva y la sobrevivencia del más apto. Porque esta es la realidad de fondo, más allá de que a menudo se enmascare con el discurso humanitario o las polÃticas asistencialistas focalizadas, que suelen acompañar en todas partes a las recetas neoliberales procurando hacer menos visible el despojo y la injusticia social que ellas comportan.
El anunciado Plan de Emergencia social apunta, por primera vez en la historia del paÃs, a mitigar la pérdida de energÃas que supone esta sociedad fracturada.
La diferencia abismal con las polÃticas de asistencialismo focalizado que caracteriza a los neoliberales, radica en que el Frente Amplio se propone recomponer el tejido social sobre la base de una vigorización de la participación ciudadana, de un crecimiento de la transparencia, de la descentralización en todas sus formas, del diálogo con los más amplios sectores sociales y con el más variado espectro generacional, laboral y profesional.
En su edición de ayer La República informaba acerca de las declaraciones formuladas por el futuro ministro del Interior, Dr. José DÃaz, acerca de la eliminación del decreto que hacÃa posibles esos actos impresentables de prepotencia policial llamados “razzias”.
El asunto importa por su contenido sustantivo, que busca restaurar para la PolicÃa el papel de garante de la paz y la libertad y no de un potencial enemigo de ella. Pero importa también, por las circunstancias en las que se procesó esta declaración de propósitos. El futuro ministro lo hizo en una instancia de reflexión, con representantes de organizaciones juveniles que militan en el campo cooperativista como FUCVAM, del PIT-CNT, de la Fundación Vivian TrÃas entre otras.
El diálogo, en este caso con grupos de jóvenes, aparece acá como un componente fundamental del estilo del nuevo gobierno: el diálogo y la atención puesta en el pensamiento y el sentir de las organizaciones sociales. Ese estilo, que no nace ahora, ha sido y es uno de los puntos más fuertes de la gestión frenteamplista.
En momentos en que el proyecto de un paÃs alternativo se hace cargo del timón que conducirá los destinos del paÃs, el desarrollo de una polÃtica de apertura hacia la sociedad, de diálogo franco entre los nuevos jerarcas y las organizaciones sociales y populares, adquiere una dimensión excepcionalmente importante. Todo lo que se haga de esta manera, transparente y con respaldo social, con franqueza y humildad, hundirá sus raÃces en la realidad del paÃs.
Del mismo modo que se podrÃa fácilmente pronosticar, que todo estilo de trabajo que recuerde las pautas de verticalismo, secreto y clientelismo del que hicieron uso y abuso los gobiernos anteriores, por “realistas” por “oportunos” o por “prácticos” que parezcan, tendrán patas cortas.
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