Tabaré y "Lula": las barbas del vecino

¿ Que puede aprender Tabaré Vázquez   dentro de pocos días presidente en ejercicio   de los dos años de gobierno que lleva Luiz Inácio «Lula» da Silva en el Brasil? Muchas cosas.

Por supuesto que las experiencias no son trasplantables, que Brasil es un país enorme y Uruguay muy pequeño, y que ambas naciones tienen composiciones sociales muy distintas, además de otras diferencias, pero, si se observa con atención, lo que ha sucedido en nuestro vecino del norte en estos dos años transcurridos con «Lula» en el poder, mucho le puede enseñar al próximo gobierno uruguayo.

Un mes y medio atrás, esta administración petista cumplió su segundo año de gestión y lo ha hecho con resultados macroeconómicos impactantes (y que asombran por lo buenos que son ). La economía brasileña creció aún más que las expectativas gubernamentales, la inflación disminuyó, el real se valorizó frente al dólar, las exportaciones batieron los récord y el riesgo país   ese guarismo que marca la confianza que los inversores internacionales tienen en una economía (y que siempre aumentaba), hoy es cinco veces menor a cuando asumió «Lula».

Pero el año anterior (2003), los resultados no fueron iguales. «Lula» no cerró su primer ejercicio con logros como los alcanzados en este. Y eso nos muestra la primera lección: las cosas no se consiguen rápido. Hay que saber esperar los primeros síntomas de mejoría de la economía y para ello se debe ser constante y paciente. La impaciencia sería la peor actitud para que los resultados se lleguen a obtener,

Entonces, no esperemos milagros. Las mejoras sólo se conseguirán con esfuerzos constantes, coherentes y sabiendo aguardar que lo que se hace tenga sus efectos. Nada se obtendrá de un día para otro y ni siquiera de un año para el siguiente.

A «Lula» le ha llevado dos años superar la desconfianza que de él había, en los círculos financieros internacionales. Aquel sindicalista barbado y estridente, que iba a llevar al Brasil al comunismo y al caos, actualmente es el niño mimado en las cúpulas los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.

Este es el resultado de una política económica ortodoxa, conducida con mano firme e inteligente por su ministro de Economía, Antonio Palocci, la cual ha despertado no pocas críticas en estos dos años, en el interior del propio partido de gobierno. Y aquí puede estar la segunda enseñanza: cuando se haga lo que se tiene que hacer, muchos, aún dentro de las propias filas partidarias, van a criticar ferozmente lo que se está haciendo. El mote de «neoliberal» estará a la orden del día.

«Lula» tuvo que enfrentar estas disidencias dentro de partido político que fundó y lideró. Y en su primer año de gobierno, estas voces discordantes fueron aumentando el tono de sus acusaciones. Fueron los llamados radicales del PT, y vaya si le dieron dolores de cabeza al presidente. «Lula» los enfrentó con decisión, calma pero firme. Nunca entró en el juego de ellos, de teñir las cuestiones de ideológicas, donde llevaba todas las de perder. No hay que olvidar que este gobierno petista está haciendo todo lo contrario de lo que históricamente propugnó y defendió a capa y espada. «Lula» y sus principales ministros nunca cayeron en disquisiciones teóricas, ahora se había llegado al gobierno y había que hacer lo que se tenía que hacer. Y «Lula» fue firme como una roca en ello. Los disidentes  una senadora y algunos duputados  fueron apartados del partido con la mayor de las calmas y con la mínima estridencia. Hoy ya nadie se acuerda de ellos.

Es en este terreno de la política para dentro de su partido político, donde Vázquez enfrentará, sin dudas, sus retos más difíciles. El PT es una fuerza política con diferentes tendencias internas, pero no se trata de una coalición de grupos políticos, que casi todos tienen un fuerte signo ideológico, como es el Frente Amplio. En este campo, las cosas para Tabaré serán mucho más traumáticas de lo que fueron para «Lula». Pero la actitud para lidiar con la divergencia intestina debe ser la misma: actuar con calma, medir las palabras, ser firme en los actos de gobierno y no dejarse llevar nunca al escabroso terreno de las ideologías.

No serán livianos los choques que le esperan al novel presidente y a su ministro de Economía, Danilo Astori, con sus compañeros de siempre. Les van a decir de todo y ellos deberán responder con hechos   que demorarán en mostrar su acierto , a palabras y acusaciones quemantes. La paciencia nunca podrá abandonarlos, tendrán que tener la misma confianza que tuvieron sus pares brasileños en que los resultados demorarán, pero llegarán. Pueden tardar dos años o más, pero vendrán.

La otra lección que estos dos años pasados del Brasil le pueden dar al futuro del Uruguay es cuál es el camino para conseguir el crecimiento económico. Hay que producir y hay que exportar y, en el mundo actual, sólo se vende lo que se produce a precios competitivos.

Brasil ha aprovechado magníficamente la coyuntura por la que atraviesa el mercado mundial: los precios de las materias primas agrarias están en alza. Uruguay, en estos dos años pasados, lo ha hecho en menor medida; y por eso le queda un buen camino por delante para producir y vender más al exterior.

Uruguay debe dejar de soñar con ser un centro financiero; ese sueño ya se hundió con la corrida y la crisis bancaria y demorará mucho tiempo en poder reflotar. Nuestros esfuerzos deben concentrarse en vender al mundo lo que podemos producir con buenos costos y estos productos provienen fundamentalmente del sector agropecuario.

Cómo aceitar la máquina productiva para que genere cada vez mejores productos a menores precios, es algo en que podemos aprender mucho del Brasil; y además, y esto también es muy importante, puede ayudarnos a lograrlo. Puede ser nuestro principal socio en nuestro futuro crecimiento. *

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