Las protestas anunciadas por varios dirigentes nacionalistas y colorados no dejan de resultar paradójicas, al tiempo que contienen un elemento del perfil de la idiosincrasia nacional, que tiene un algo de irredimible ridÃculo.
Los pro hombres que ahora alzan su voz indignada porque en las designaciones para integrar el Consejo Directivo Central de la ANEP no se ha otorgado un mayor número de cargos a blancos y colorados, se han liberado muy fácilmente de cualquier sentimiento de culpa, o al menos de una tenue responsabilidad ante el hecho impresentable de haber excluido en forma sistemática al Frente Amplio de toda participación en la conducción del Codicen, y especialmente de haber “macheteado” a lo bobo la participación que al Frente le correspondÃa en organismos de especial trascendencia para la democracia, como son la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas de la República.
Organismos éstos cuyas funciones de contralor resultan fundamentales en perÃodos como el que vivimos y cuya ausencia deparó para el paÃs consecuencias nocivas nada desdeñables, si tenemos en cuenta lo ocurrido en distintas dependencias estatales.
La argumentación resulta francamente especiosa cuando proviene del Partido Colorado, que no alcanzó siquiera el 10% de los votos y que ahora, con tono engolado, reclama participación en el Codicen.
Participación que nunca entendió que debÃa darle al Frente Amplio, siendo que éste, desde la primera elección en la que participó, en 1971, lo hizo obteniendo como mÃnimo un 20% de los votos.
A esto habrÃa que agregar que, la exclusión que el coloradismo aliado al Partido Nacional hizo del Frente Amplio, se prolongó cuando éste pasó al 30% de los votos y se mantuvo hasta cuando el FA alcanzó el 40% de los votos.
Son los dirigentes de esos partidos excluidores y sectarios los que ahora hablan de la necesidad del pluralismo en la integración del Codicen, desde la más que magra obtención del 10% de los votos.
Otorgando un miembro de los partidos tradicionales al Codicen, el Frente Amplio aumenta en un 100% la representación que la oposición tiene.
Las garantÃas de valores por los que, blancos y colorados pretenden legitimar su presencia en los cargos de conducción de la enseñanza, estarán dadas en la Administración progresista, como ocurrió en perÃodos anteriores, por el cumplimiento del estatuto del profesor, el respeto por las asambleas técnico-docentes.
Por el respeto por la carrera funcional en todas las áreas de la educación, empezando por los servicios administrativos y de intendencia; la transparencia en el ejercicio del gasto público y la liquidación total del clientelismo, constituirán un paso sustantivo en el proceso de recuperación de una educación formadora de ciudadanos y de gente pensante, laica, gratuita y obligatoria, una educación, en fin, que forme parte del conjunto del quehacer del Estado en el área social, cumpliendo una función estrechamente ligada a la reforma del Sistema de Salud, al mejoramiento y a la disponibilidad de vivienda y al desarrollo cultural de la población.
Una parte sustancial del futuro del paÃs se juega en el fortalecimiento de este “brazo social” del Estado, del cual la educación pública es un pilar fundamental.
En la lucha contra la fragmentación social, en el desarrollo de polÃticas tendientes a la prevención en materias de salud y en la lucha por la seguridad ciudadana, que no esté basada exclusivamente en la represión; la educación pública, democrática, comprometida con los intereses del pueblo y de la nación, está llamada a jugar un papel esencial en la movilización espiritual y cÃvica de los jóvenes, que son, como bien se ha dicho, no sólo el futuro del paÃs sino su presente más vivo y palpitante y la franja de edades más sometida al despojo en el ejercicio de sus derechos.
La franja de la sociedad más vulnerable a la impregnación ideológica que trae consigo el neoliberalismo, reproductor de un mundo basado en el consumismo, la competitividad extrema, la superficialidad de las relaciones humanas y la desintegración del tejido social. *
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