Los problemas del crédito, cuya carencia es más que notoria, son temas a resolver en el más corto plazo. Seguramente el próximo ministro de EconomÃa, el contador Danilo Astori, debe tener en carpeta alguna solución para este mal endémico que vive el paÃs que tiene vinculación con las sucesivas crisis que se han vivido y determinado, paralelamente, un alto nivel de morosidad con el sistema financiero. Ello, obviamente, ha encarecido el dinero a prestar llegando a tasas de interés que aparecen como impagables en cualquier economÃa sana, pues van más allá de la rentabilidad posible de cualquier emprendimiento.
Morosidad que también es producto –bien lo sabemos los uruguayos– de la dispendiosa acción del Banco de la República que prestó sumas cuantiosas sin contar, quienes accedÃan a esos créditos, de las garantÃas suficientes para respaldar sus operaciones. Ello, obviamente, es el reflejo del clientelismo con el cual varios directorios de esa institución manejaron las carteras de crédito, determinando una cultura insólita entre muchos productores: la de pedir dinero y luego, de manera consuetudinaria, pagarlo con atraso o no hacerlo, y ello más allá del resultado de la inversión a emprender con el apoyo de la institución oficial.
Es evidente –como sostiene Astori– que en estos momentos se debe enfatizar la creación de nuevos productos financieros que contribuyan a una mejor relación entre ahorro e inversión, cuando en el paÃs es ostensible la necesidad de que se revierta la notoria escasez de crédito a mediano y largo plazo. Es necesario que los empresarios que trabajan la producción agropecuaria reciban flujos de recursos a cambio del servicio de la renta –dice el futuro ministro– durante el transcurso de un perÃodo determinado que se debiera fijar previamente y por contrato. Para los especialmente endeudados se buscará un producto adecuado, como el “leasing” operativo para los inmuebles rurales que, al parecer, resulta especialmente apto para permitir que productores endeudados y explotaciones con necesidades de financiamiento insatisfechas reciban recursos que les permitan sortear sus dificultades.
No cabe duda de que el próximo gobierno, con seriedad e inteligencia, tratará de sortear algunos problemas que son endémicos en el paÃs, como la carencia de crédito adecuado a las posibilidades de rentabilidad. Sin embargo sabemos que es erróneo jugar todos los boletos a las ventas al exterior, las que pueden tener vaivenes por diversas causas. Además las utilidades de esas ventas son escasas y no se transfieren al resto de la sociedad, en razón –entre otras cosas– de la falta de valor agregado de los productos nacionales.
Cuando se sugiere que Uruguay sigue vendiendo al exterior lo mismo que hace cien años, carne, lana y otros productos del agro, no se está cometiendo un error. Es la triste realidad de un paÃs que durante décadas prefirió languidecer en un modo de producción extensivo, sin importar que el producto primario fuera mejorado o transformado para lograr, además de una mejor y menos vulnerable inserción en los mercados externos, una distribución del ingreso más acorde con la necesidad del paÃs.
La falta de trabajo que se expresa en los altos Ãndices de desocupación que reitera la Dirección Nacional de EstadÃstica, es también el resultado de ese mecanismo perverso de producción que va a contramano de lo que se está haciendo en el mundo. Claro, para el exportador es más fácil vender carne en bruto, o envasada en bolsas, tarea elemental que se realiza en la industria frigorÃfica, que muchas veces se dedica simplemente a la matanza y a la venta al exterior de la media res congelada. El resultado de ello es, como se ha visto en los dos últimos años, que el crecimiento del comercio sólo le sirve a un sector y no se transfiere, como se debiera, al resto de la sociedad. Nos preguntamos: ¿se puede considerar crecimiento a ese fenómeno, que se manifiesta en los Ãndices que muestran el ingreso de divisas, pero que no en los que deberÃan señalar un abatimiento de la pobreza y la marginalidad?
El nuevo gobierno tiene ante sà un panorama complicado. Es necesario, obviamente, abrirle caminos al necesario crédito, con productos adecuados a la nueva realidad. *
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