La gallina de los huevos de oro

El pasado 15 de febrero se renovó el Parlamento. El próximo 1º de marzo asume el doctor Tabaré Vázquez la Presidencia de la República. La esperanza popular comienza a hacerse sentir: la idea del cambio es posible, es una realidad.

Todos sabemos que han sido y serán días de emociones, de reafirmación de compromisos, pero fundamentalmente de sentir la responsabilidad de que los cambios tienen que ser una realidad que se irá construyendo ladrillo a ladrillo y que crecerá despacio, como siempre han crecido las grandes victorias de los pueblos.

Todo proceso no es estático. Si nos quedamos sólo con la idea de que el desafío era llegar –ganar el gobierno nacional– estaríamos cometiendo un grave error. Ahora a la victoria del 31 de octubre hay que darle continuidad y extenderla por todo el territorio nacional. Por eso las elecciones municipales del próximo 8 de mayo deben ser de alta prioridad para todos los progresistas del país.

El cambio democrático que nos hemos propuesto como fuerza política desde 1971 requiere de que la nueva realidad penetre en cada comarca para encontrar soluciones regionales y locales, pero también para que nuevas generaciones de mujeres y hombres participen del ejercicio del gobierno.

Hemos dicho, en el lanzamiento de nuestra campaña electoral para ganar la Intendencia de Maldonado, que el cambio deberá ser entre todos, con una fuerte impronta popular, que atiende la emergencia social que se agravó escandalosamente en los últimos cinco años. Pero al ser entre todos el cambio, eso está implicando que la participación de las Intendencias, Juntas Departamentales y Locales cobra, en esta nueva etapa del país, un renovado significado.

El país productivo que nos proponemos sólo se podrá desarrollar con todas las energías de los uruguayos y esas energías también deben partir del interior del país. Pero eso no podrá concretarse si los mismos aparatos políticos de los partidos tradicionales se mantienen al frente de las comunas.

No creemos que sólo en el progresismo estén las mejores ideas y dirigentes, pero sabemos muy bien que la renovación política quedaría en falsa escuadra si las Intendencias no reciben el aire fresco de la conducción del EP-FA/Nueva Mayoría.

En Maldonado los frenteamplistas y progresistas nos proponemos la transformación de la economía y de la realidad social, para que nuestro departamento tenga una desarrollo pujante y armónico que le permita seguir siendo un gran centro de atracción de las inversiones extranjeras y nacionales, pero que a la vez brinde cobijo, con trabajo digno, a toda una población que construye a diario, en medio de grandes dificultades, sus sueños y esperanzas.

Si no logramos desde la Intendencia y desde la sociedad en sus múltiples expresiones realizar transformaciones profundas y eficientes corremos el peligro de que Maldonado se transforme en un Río de Janeiro, donde por un lado va la vida, la de unos pocos, y por otro la desesperanza y la tragedia tienen rostro de multitudes.

Nos proponemos un crecimiento sustentable que se desarrolle sobre la base del establecimiento de reglas claras para el inversor y que permita una justa distribución de esa riqueza, para que sea disfrutable para el conjunto de la sociedad. También tenemos que reestructurar el municipio, que debe ser una palanca de desarrollo, para que se puedan ahorrar recursos que hoy se dilapidan en el clientelismo, junto a una reforma tributaria que permita que las viviendas de mayor valor paguen más que las de menos valor.

Este es el debate que está en juego en esta campaña electoral. Maldonado no tiene futuro si no se crea una nueva realidad social equitativa y humanizada. Si no se transita por estos ejes programáticos, de cambios entre todos, estaremos matando la gallina de los huevos de oro y las inversiones sanas que el Uruguay necesita buscarán otras esquinas del mundo.

Son momentos de soñar, de hacer y de construir. En eso hemos estado desde hace 20 años, convencidos de que desde zona este del país podemos estar construyendo una nueva casa pujante, solidaria, que genere nuevas riquezas materiales y espirituales. Para ello el cambio tiene que asumir la conducción de una Intendencia entre todos, que escuche, que dialogue, que despierte energías e ideas. En eso estamos. *

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