En el momento de escribir estas lÃneas, en ambas cámaras del Poder Legislativo se desarrollan instancias decisivas en la instalación de la institución parlamentaria.
En un clima de emoción contenida, con olor y sabor a pueblo, el advenimiento de la izquierda a la mayorÃa absoluta en ambas cámaras es un hecho de enorme significación.
Como se ha dicho, no es la primera vez que un partido obtiene la mayorÃa absoluta de los escaños parlamentarios. El Partido Nacional lo consiguió hace ya más de medio siglo. Y, en su momento, el asunto fue vivido como un hecho polÃtico impactante y un corte de aguas en la historia polÃtica del paÃs.
Por entonces, pasados algunos chisporroteos iniciales durante las primeras instancias ceremoniales, las aguas volvieron a su curso y el proceso de coparticipación en el gobierno y los Entes Autónomos de los dos partidos tradicionales tendió a limar asperezas.
Fallecido al inicio de la gestión el gran caudillo blanco, Luis Alberto de Herrera, el curso de la vida polÃtica uruguaya retomó su rutina y los grandes problemas que se esperaba solucionar con la rotación de los partidos en el gobierno, fueron empujados hacia el futuro, incubando las tempestades que estallaron unos años después.
Por lo demás, los dos grandes partidos, ya en esa época tenÃan concepciones polÃtico ideológicas con fuertes analogÃas y Âpor lo menos hasta el surgimiento del ferreirismo- estuvieron de acuerdo en los lineamientos medulares de gobierno, que contribuyeron a acentuar el estancamiento del paÃs.
Desde entonces, los aspectos crÃticos se acentuaron y se volvieron incontrolables, por parte de los representantes polÃticos de los sectores privilegiados.
La izquierda, procurando representar a los sectores populares golpeados por la crisis, se unificó polÃticamente en el FA e inició un incontenible crecimiento en materia de presencia polÃtica y programática, que fue luego transformándose en un aumento ininterrumpido de su caudal electoral.
Este desarrollo de la izquierda no fue un proceso idÃlico, como lo demuestran las persecuciones y los interminables años de dictadura cÃvico militar.
La intransigencia de los sectores privilegiados, atrincherados en el poder, nacÃa de la existencia, como se dijo siempre, de dos modelos de paÃs, de dos visiones encontradas de cómo resolver sus problemas, y de cómo repartir con justicia los bienes materiales y culturales de la sociedad.
Pese al amurallamiento y las exclusiones, pese al intento de desconocer la significación real de la primera fuerza electoral del paÃs, la izquierda nacional, el movimiento progresista, siguió ampliando sus bases de apoyo social en el paÃs, tras la propuesta de un modelo de economÃa, de cultura y de sociedad distinto, alternativo al vigente.
Es tras esa larga marcha y tras ese perfil histórico, que la izquierda obtiene su mayorÃa absoluta en ambas cámaras y que Âen jubilosas ceremonias- permite consagrar presidente del Senado al senador Mujica y de la Cámara de Representantes a la diputada Nora Castro; ambos
auténtica expresión de los sectores populares, protagonistas de vidas plenas y claras, de sacrificio y de voluntad en la lucha por la emancipación nacional y social.
Tras las mayorÃas que asumieron ayer hay un programa popular, de cambios profundos, y hay una fuerza polÃtica que está lejos de haber llegado al techo de su crecimiento posible.
La mayorÃa parlamentaria, la unidad polÃtica y programática y, sobre todo, la decisión de desarrollar con fuerza un conjunto de medidas de signo popular, ponen en manos del gobierno del Dr. Tabaré Vázquez instrumentos institucionales y polÃticos de enorme importancia.
La sociedad, mayoritariamente, da muestras de su propensión al cambio. O, mejor dicho, de su reclamo enérgico de cambio.
Las jubilosas ceremonias de ayer reflejan la expectativa popular que rodea al nuevo gobierno. La culminación de la transición es inminente y a partir del 1o. de marzo, la realidad del paÃs se verá conmovida por los influjos benefactores de un nuevo clima democrático.
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