Pepe D’Elía, Doctor Honoris Causa

Todos los que pretendemos conocer algo respecto de los avances de las ideas progresistas durante el siglo XX en nuestro país, conocemos, hemos oído hablar, apreciamos, admiramo y respetamos a Pepe D’Elía. Porque hace casi setenta años que su nombre y su figura están asociados al Uruguay del siglo que acabamos de dejar y al que estamos estrenando.

Los trabajadores organizados sindicalmente hemos apreciado siempre su capacidad de unir, juntar, reivindicar, sembrar, abrir puertas, todo sin perder la capacidad de poner coto a los atropelladores, con algún no carajo.

Recuerdo que en la profunda crisis que se abrió en el Congreso del PIT-CNT del año 1985, su sola presencia alentó la salida que todos buscábamos, pero no encontrábamos. En aquella oportunidad lo comparamos con Antonio Machado, porque, tal como el poeta se autodefinía, por la sangre de Pepe corren gotas de sangre jacobina, aunque su verso brota de manantial sereno. Pero, por sobre todas las cosas, porque es, en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno.

Una de las grandes virtudes y fortalezas del movimiento sindical uruguayo lo constituye el ahínco que hemos puesto en la elaboración del concepto, de la fuerza de la unidad. Es un patrimonio adquirido, que es necesario cuidar y regar diariamente para evitar que se deteriore, porque ninguna conquista, concepto, o valor se ganan de una vez para siempre. Es en este sentido que el ejemplo vivo de Pepe, junto a otros queridos compañeros que ya no están, nos sirve de impulso para no desmayar en el esfuerzo por impulsar el sentido de la unidad a los que se van incorporando, como se hace con el testigo en las carreras de postas. Esa, en definitiva, es la vida.

La unidad de los trabajadores tuvo un primer referente en los estudiantes. Luego se fue extendiendo, hasta tomarse como ejemplo para la unidad política. También en este plano la participación de Pepe fue activa y positiva.

Por todo lo brevemente dicho, la Universidad de la República ha resuelto, a propuesta de su rector y por unanimidad, otorgar el título de Doctor Honoris Causa a nuestro Pepe. Porque lo considera «uno de los protagonistas del período histórico reciente, donde participó en la vanguardia de la resistencia que la sociedad opuso a la dictadura entronizada en el país y contribuyó a encauzar el proceso que recuperó la democracia. (…) por su respuesta límpida a cada una de las solicitaciones que le dirigió su tiempo (… y porque con su distinción) la Universidad de la República ha sabido honrar, honrándose…»

El asunto no es menor. Constituye una honrosa excepción, porque, junto con Nelson Mandela, son los dos ejemplos de otorgamiento de la distinción honorífica, a personajes que no tienen un título universitario curricular. Que quiere que le diga, yo siento como que me lo otorgan a mí.

El asunto será el próximo viernes a las siete de la tarde en el Paraninfo de la Universidad. Luego, como no podría ser de otra manera, habrá una fiesta de música popular en la explanada universitaria.

Lo invito a que nos encontremos allí. *

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