Pasado, presente y futuro del Frente

El discurso de Brovetto en el 34º aniversario de la fundación del Frente Amplio fue una pieza oratoria de excepción. Ha sido mezquinamente reproducido y comentado. Merece que la fuerza política lo imprima y lo difunda, para que la riqueza de su contenido penetre en la conciencia del pueblo, más allá de las fronteras de la izquierda.

La fundación del Frente el 5 de febrero de 1971 abrió un nuevo período en la historia uruguaya. Culminaba una brega de varios lustros, en que la tenacidad de sus protagonistas se amalgamó con la lucidez política y el consecuente espíritu unitario para dar a luz a la nueva criatura. Era uno de esos días que condensan muchos años. A partir de allí, ya nada fue igual. El bipartidismo tradicional quedó herido de muerte. Creciendo en extensión y profundidad, la izquierda dejaba de ser una fuerza meramente testimonial, con ideales de redención humana y social pero con penetración marginal en el seno del pueblo, para convertirse en una fuerza política real, con gravitación efectiva en la vida de la nación. Era la conjunción de las ideas y de un programa de cambios profundos con el pueblo destinado a plasmarlo en la realidad con su participación, con su militancia consciente en pos de objetivos claramente definidos. Un pueblo unido con un programa claro, se decía por aquellos tiempos.

No recordamos que a lo largo de estos años se haya recreado la viva historia del período señalado con la precisión y la pasión con que lo hizo el ingeniero Brovetto. No se olvidó de ninguno de sus protagonistas, a todos los niveles. Ni de los dirigentes políticos y sociales, ni de los artistas, ni de los comunicadores. Los evocó a todos con emoción como los forjadores de un nuevo tiempo junto al pueblo, los movimientos y los partidos en cuyo seno crecieron. De esa enumeración exhaustiva con sus múltiples facetas, se desprendía naturalmente el valor decisivo de la unidad, sin claudicaciones ni fisuras. Pero había algo más.

Ese algo más estaba dado por un hecho relevante. El Frente se constituyó agrupando a todas las fuerzas de izquierda, dispersas o latentes en el seno de la sociedad. Unió a los reconocidos izquierdistas de vieja data con quienes tenían la valentía de saltar por sobre los lemas de los partidos tradicionales, convencidos ya de su imposible renovación por dentro. Los militares fieles a su juramento borraron las divisorias con los civiles, la inédita conjunción de marxistas y cristianos adquirió carácter emblemático a nivel mundial. Nacieron nuevos grupos que unieron su cauce al torrente común. Era un cambio cualitativo. Pero aun así, el Frente no se acercó con una valla ni puso límites a sus contactos con el pueblo. Por eso afirmamos que el Frente nacido en 1971 llevaba ya en su seno los gérmenes y las potencialidades de su engrandecimiento futuro hasta llegar a convertirse, en crecimiento ininterrumpido, en la principal fuerza política del país, y más allá.

Por eso, el instante en que el orador convocó a subir al estrado a los integrantes de los diversos sectores del Encuentro Progresista y de la Nueva Mayoría adquirió el valor de un símbolo que permanecerá en el recuerdo. Como todo organismo vivo, el Frente tuvo sus vicisitudes, sufrió dolorosas desgarraduras, se mantuvo enhiesto ante la bestial represión de la dictadura que aspiraba a aniquilarlo, ya en el período de la recuperación democrática (a la que contribuyó decisivamente y por la que pagó la mayor cuota de la sangre de sus militantes) selló una alianza estratégica tanto con los sectores integrantes del Encuentro Progresista como con la Nueva Mayoría. Y esta prolongación del espíritu unitario consecuente que selló sus orígenes fue factor decisivo en la victoria electoral del 31 de octubre y en el acceso al gobierno.

Los partidos tradicionales impusieron el balotaje en su forma más perversa y antidemocrática (la mayoría absoluta de todos los votante, lo que no existe en ningún país) para perpetuarse en el poder.

Pero hoy puede decirse que la máquina mató a los inventores. La izquierda llega al gobierno con la mayoría absoluta de ambos cuerpos legislativos, una extensión de su influencia en todo el país, en cada departamento, en las ciudades y en el Uruguay profundo. Para ello se requirió la participación de cada uno de los adherentes al Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría. Todos fueron imprescindibles. Hoy todos se sienten felices de haber contribuido a la victoria. De contar no sólo con la fuerza de las razones, sino además la fuerza de los votos, el respaldo y la confianza de la mayoría del pueblo. Ahora todos están llamados a compartir las responsabilidades del gobierno, que no consisten en espacios de poder sino de servicio en bien de la comunidad, como se dijo desde la tribuna en uno de los pasajes más aplaudidos.

Esto dio la tónica a la celebración del martes. Por primera vez se festejaba la fecha con el presidente electo en el estrado. Con razón se señaló que el 31 de octubre se enterró el desaliento y reverdecieron la esperanza y la alegría. Incluso entre quienes no votaron a la izquierda pero reconocen la legitimidad de su triunfo y la apertura de una nueva perpectiva para todos, y festejaron en muchas localidades junto a los frenteamplistas.

Pero tampoco hemos llegado al techo. Esa es otra idea fundamental expuesta por Brovetto. De hecho, estamos lanzados a la campaña por las elecciones municipales del 8 de mayo. Tenemos condiciones para conquistar varias intendencias del Interior para la izquierda y de aumentar su arraigo entre los pobladores de tierra adentro. Hacia allí también nos dirigimos con el lema de «Cambiemos». Sin duda muchas cosas van a cambiar, y numerosos compatriotas pueden incorporarse en este lapso a la correntada de la izquierda.

Esta es la visión del futuro inmediato que surge de la conmemoración del nacimiento augural del Frente. *

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