Un año más, pero diferente
Uno de los tangos que la voz prodigiosa de Carlos Gardel sumado a méritos musicales propios, así como el mensaje y armonía de sus versos ha mantenido vigente durante décadas, cuenta que mientras «el barrio alborozado» está celebrando la llegada del nuevo año, alguien «medio escabiao… murmura indiferente: un año más, ¿qué importa? Como vino se irá».
Esa indiferencia, esa falta de interés o expectativas que trasunta el lapidario comentario, cabe reconocer que se ha instalado ciertamente en muchos de nosotros, ya sea ante el advenimiento de cada nuevo año como de cambios de gobernantes.
Así ha sido durante mucho tiempo, tanto que infinidad de veces nos deseamos un feliz año más por tradición o costumbre que por convicción o siquiera esperanzas de cambios positivos.
Pero este año que ya iniciamos tiene motivos para considerarlo una excepción a esa regla de la inmutabilidad, la imposibilidad y la desesperanza.
2005 trae consigo la interesante novedad de la instalación del primer gobierno progresista-no tradicionalista, con el querido compañero Tabaré al frente de un muy valioso elenco, con una importante fuerza política sustentándolo y con la generosa y positiva expectativa de las grandes mayorías, esas que incluyen a muchos que aún sin haber votado por el cambio, igualmente extienden un cheque en blanco o asignan un crédito al «bueno por conocer» que sustituirá (¡por fin!) al «malo conocido».
Decíamos ya en 2003, con referencia al pronunciamiento popular acerca de la ley de asociación de Ancap, que nuestro país, su gente, había comenzado un proceso de cambios que aventurábamos no se detendría. Los hechos van confirmando nuestra impresión de entonces y cabe recordarnos que estamos recién inaugurando la primera etapa.
Seguramente el próximo y cercano aniversario de constitución de nuestro Frente Amplio, el Nº 34, tendrá un «sabor» especial, hasta ahora no experimentado.
Asimismo, la fiesta popular que tendrá lugar el 1º de marzo evidenciará –entre otras cosas positivas– la exteriorización de la alegría por el triunfo obtenido y la enorme esperanza depositada en la gestión que comenzará a partir de ese día.
Habrá cambios positivos, progresistas. Que nadie tenga dudas; basta mencionar la puesta en marcha del Plan de Emergencia, con su filosofía de participación, dignidad y «contrapartidas» como un hecho inédito en nuestro país. Pero no solo eso, puesto que además de honestidad, cristalinidad y austeridad, se propenderá a una mayor actividad, a más y mejor trabajo para empezar a caminar hacia una mayor justicia distributiva.
No podemos dejar de mencionar que también la educación, la salud y la vivienda serán prioridades en este proceso de cambios para mejorar la calidad de vida de nuestra gente.
Y, como si todo lo señalado en apretada síntesis no resultara suficiente para demostrar que este 2005 será diferente –y mejor–, afrontaremos próximamente otros desafíos que entrañan, desde ya, una gran esperanza.
El domingo 8 de mayo estaremos librando 19 batallas cívicas en los respectivos municipios y creo prudente que formulemos la advertencia y pronostiquemos ahora que no van a resultar fáciles. Ni siquiera parecidas; la suerte puede ser –y casi seguramente, será– disímil y cada una de estas contiendas tendrá su propia historia y resultados.
Nosotros, los canarios, estamos palpitando el triunfo de las fuerzas progresistas, conscientes de que igualmente habrá que trabajar, y mucho, para ganar en esos comicios. Tampoco ignoramos que habremos de esforzarnos aún más a partir del momento en que obtengamos la anhelada victoria, para empezar a encarrilar un departamento que está fuera de control y en alto riesgo de catástrofe. Así como se lee; sin exagerar pero también sin anestesia.
La acumulación de malas gestiones departamentales anteriores sumada a la pésima actual, han llevado a Canelones a la bancarrota. Nuestro departamento está literalmente fundido y muy comprometido hacia delante, esto es: por varios años.
Para empezar a mejorar, requerirá de una administración honesta, transparente, austera e inteligente como condición «sine qua non» y aún así no será suficiente. Necesitará también de fuertes apoyos por aquello tan manido de que nadie puede solo y menos ante tamaña adversidad como es la magnitud de la situación penosa que habremos de enfrentar a partir de la segunda quincena de julio.
Pero no todo es negativo y el cambio es posible.
Confiamos en la capacidad, la visión política, el humanismo y el sentido común de Marcos Carámbula para liderar esta tarea titánica. Su trayectoria y bonhomía son garantía de lucha y compromiso con las grandes causas populares.
Sabemos además que no va a estar peleando solo; que existe el compromiso de toda una gran fuerza política que integran mujeres y hombres capaces de sacrificios y también de logros. Que va a contar con un equipo multidisciplinario que pondrá en marcha un programa de gobierno elaborado por técnicos y militantes conocedores de las realidades locales y que aplicará, además, un conjunto de medidas urgentes que nos permita emerger lo más rápidamente posible de este naufragio de dolorosas consecuencias.
No obstante, creo que a nadie escapa que van a resultar imprescindibles otros apoyos, como el del gobierno central que, dentro de las previsiones presupuestales, deberá incluir las ya anunciadas obras de saneamiento en todo el departamento, pero con especial urgencia en Ciudad de la Costa, por citar solamente un ejemplo.
Por su parte, la ciudadanía canaria, independientemente de sus preferencias políticas, deberá apoyar a la nueva administración ya volviendo a contribuir, en algunos casos, ya evitando la formación de basurales, en otros. Existen muchas formas más de ayudar y participar para empezar a recuperar Canelones y todas son válidas y necesarias.
La cuestión es cambiar –el voto pero también la actitud– sumándose a esta correntada creciente del progresismo con Marcos como abanderado, para desalojar a este desastroso gobierno colorado que cuenta con apoyos y complicidad de algunos sectores y referentes del Partido Nacional, aunque ahora pretendan –por razones obvias– ocultarlo o restarle importancia, como cosa del pasado…
Por Canelones, por nosotros mismos y por aquellos que nos sucederán.
Para que 2005 sea un año más, sí, pero muy diferente. *
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