Temporada 2005: todo estaba escrito

Antes de entrar de lleno en el tema de este artículo, y a los efectos de que no se me malinterpreten mis apreciaciones, ni se considere que pretendo pontificar sobre el tema, creo oportuno destacar la brillante gestión del ministro Bordaberry al frente de la cartera de Turismo, habiendo logrado en su período un avance fundamental en la coordinación de la política turística, demostrando coraje, inteligencia y audacia para enfrentar todas las dificultades y por encima de ellas estructurar las bases para una política turística que seguramente será base fundamental para orientar a las próximas autoridades designadas por el gobierno electo.

Sin desmerecer las condiciones del doctor Lescano y del empresario Prandi, considero que de haber existido en el país un «acuerdo de Estado» en lo que al turismo se refiere, poniéndolo por encima de partidos políticos y si el actual ministro no tuviera el apellido Bordaberry, el sentido común indicaba que era el doctor Bordaberry quien debiera seguir al frente del Ministerio. Quizás, este hecho pueda inducir al gobierno electo, así como a los otros partidos políticos, a establecer, en el futuro, una política de Estado en lo que al turismo se refiere, e implementar pasos futuros que estén por encima de barreras ideológicas e intereses políticos partidarios.

Entrando a lo que titulaba mi artículo en el sentido de que lo que va a suceder en la temporada 2005 estaba escrito, quiero hacer referencia a mi articulo «El verdadero valor del turismo» escrito y publicado en LA REPUBLICA el 21 de enero de 2000 (tapa y página 12), en el cual textualmente expresaba entre otros puntos que luego detallaré: «Como están las cosas hoy y si se sigue haciendo futurología con el avance de nuestro turismo, puedo afirmar que Punta del Este no levantará hasta 2005, pues es éste el período que se necesita para desmasificarla, para rearmar su infraestructura y para crear la necesaria promoción para atraer al turista apto para un balneario suntuoso, que permita sobrevivir a los diversos prestadores de servicios turísticos y éstos deberán tomar conciencia de su responsabilidad frente a la calidad de los servicios que prestarán; y acá sí es donde el Ministerio de Turismo debe aplicar toda su energía pues de la calidad de los servicios depende la continuidad de la clientela que le deje al país importantes entradas por concepto de gasto».

Reitero: esto fue escrito en el año 2000, y como dije anteriormente, sin querer pontificar sobre el tema estábamos acertados y creo que esos son los pasos que dio el ministerio a efectos de lograr que esta temporada 2005 sea una temporada exitosa y que retome el nivel de los años de la Punta del Este deslumbrante, la cual por políticas erróneas durante casi 20 años y con publicidades discutidas (recordemos la «lucrativa» para muchos promoción a resultado, 6 dólares por cada «turista virtual»), se derrumbó en los años 90.

En el artículo mencionado, también hacía referencia a la necesidad de modificar la tarjeta de migración, haciéndola más completa a los efectos de que ella nos permita identificar e inventariar al turista que nos visita y saber más de sus necesidades y gustos, afortunadamente, si bien considero que la actual tarjeta podría haber tenido más datos a solicitar, me satisface que mi prédica en ese sentido tuvo el eco necesario.

En otros aspectos, resumía unas bases de una política turística en la cual incluía:

a) «crear circuitos turísticos en todo el país, de tal forma que toda persona que llegue a una zona tenga un referente para orientarse en los recorridos y conocer los servicios que estén a disposición en ese lugar».

b) «categorización de hoteles de acuerdo a parámetros internacionales, hay departamentos en que los hoteles no están categorizados».

c) «tener un inventario turístico ajustado a la verdad y a la realidad, o sea saber exactamente la cantidad de turistas reales que llegan a Uruguay, también debemos tener un inventario exacto de la infraestructura turística del país y sus niveles de servicios para saber qué es lo que estamos ofreciendo y a quién dirigir nuestra oferta turística».

d) «debemos regionalizar turísticamente al Uruguay y no mantener la oferta departamental. De esta manera escalonamos los esfuerzos y distribuimos más generosamente al turista».

e) «conjuntamente con esta regionalización, debemos facilitar los paquetes de turismo interno (turismo social)».

Estas eran algunas de las pautas que en el año 2000 complementaban mi artículo «El verdadero valor del turismo» y que luego de cinco años se mantienen vigentes.

Nuestro país no habrá conocido jamás un momento más auspicioso que este, para quitar las amarras que mantienen atado al turismo desde siempre y echarlo a andar libremente, convirtiéndolo definitivamente en una industria moderna y rentable, para esto es indispensable que marchen en forma armónica todos los engranajes institucionales que le permitan desarrollarse y que se sepa aprovechar este «momento estelar» que ahora se presenta al turismo en Uruguay.

Para finalizar recordemos la gran paradoja: la industria de la paz, del intercambio cultural, de la unificación de los pueblos, o sea el turismo, ha logrado obtener más ingresos que la industria de la muerte y la destrucción o sea la industria de las armas. *

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