¿Será inocente la ola de rumores?

Como era de esperar, rápidamente se disipó la especie que atribuía al Presidente electo el propósito de designar como embajador ante el gobierno de los Estados Unidos de América al actual Presidente de la República.

Esta información, de la que se hizo eco un diario y a partir de él varias emisoras, es descabellada por el lado que se la mire.

Conviene recordar que uno de los campos más criticados de la acción del Poder Ejecutivo saliente ha sido su política internacional y su actitud de apoyo incondicional a la diplomacia norteamericana.

Este apoyo exhibido en múltiples conferencias internacionales se convirtió en tópico y hasta en motivo de burla para buena parte de la prensa de Latinoamérica.

Su actitud de aprobación incondicional a la política internacional de Washington no viene de ahora, sin embargo desde la Presidencia de la República su obsecuencia revistió mayor gravedad y deparó más graves perjuicios para el país.

En tercer lugar, como ha expuesto públicamente más de una vez por boca de sus autoridades, el Encuentro Progresista tiene una concepción de las relaciones internacionales sustancialmente distinta a la preconizada por el doctor Batlle.

Mientras Batlle apostó todos los boletos a la materialización del ALCA, el Encuentro Progresista pone el énfasis en la integración regional latinoamericana, sudamericana y especialmente en el Mercosur.

Los vientos que han silbado en América Latina en el período reciente con la afirmación de los gobiernos de Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, y las nuevas relaciones que desde estos países se entablan con Cuba están demostrando en el campo de los hechos, precisos y contundentes una concepción de la integración regional basada en parámetros sustancialmente distintos a las del neoliberalismo extremista que Bush anhela y Jorge Batlle acompaña.

En medio de este cuadro resultaría un despropósito y una insensatez colocar en un lugar clave de la diplomacia uruguaya a un hombre que, amén de sus «hazañas» en la conducción económico social del país, carga con la responsabilidad de su indestructible alianza con Bush, la ruptura de relaciones con Cuba y otros despropósitos.

Un rumor de naturaleza parecida se había lanzado por la misma vía y con las mismas repercusiones días pasados.

En aquella oportunidad el nombre que se manejaba era el del licenciado Hugo Fernández Faingold, el actual embajador, hombre estrechamente ligado al conductor del Foro Batllista, el doctor Sanguinetti y con muy escaso apoyo en el seno del coloradismo.

El rumor que alentaba la candidatura del señor Fernández Faingold probablemente tuviera el mismo origen en el búnker que da a la rambla, sede diplomática de quienes pretenden encarnar la omnipotencia de un imperio.

Fernández Faingold, casi sin militancia política en el interior del país, ha sido desde hace largo tiempo un activo operador diplomático en torno a metas sobre cuyo alcance en el país se sabe muy poco.

Se sabe sí que es un hombre ligado al aparato duro y puro de la diplomacia y de las distintas formas de acción sobre el mundo exterior de que dispone el gobierno de los Estado Unidos.

La difusión de rumores de esta naturaleza es, a no dudarlo, una forma bastante torpe de presión. Funciona porque hay gente, medios de comunicación de masas que se prestan a difundir especies que sólo contribuyen a confundir a la opinión pública y a irritar a los frenteamplistas.

Con absoluta precisión el futuro canciller Reinaldo Gargano desmintió que el gobierno se proponga realizar los mencionados nombramientos.

Al mismo tiempo, como era de esperar, reiteró que el próximo gobierno será contrario al otorgamiento de privilegios ante la Justicia a los soldados norteamericanos acusados de la comisión de delitos fuera de su país en el ejercicio de operaciones militares. *

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