Los reyes son los padres
Estamos en buenas fechas para recordar el aserto de la afirmación del título. Y fíjese usted que se trata de una certeza que va entrando en la cabeza de los niños de manera paulatina, lentamente, alimentada por múltiples dudas personales y confidencias con amiguitos que ya lo saben. Yo diría que se comienza a intuir desde la amenaza de los progenitores de que si no se portan bien, los reyes no les dejarán regalos, el niño reacciona portándose bien hasta el 5 de enero a la noche. Porque, claro, una afirmación así, tan tajante, proveniente del padre o la madre, significa que algún arreglo debe de tener con los reyes ¿no? O es amigo de ellos, o, qué quiere que le diga, son las mismas personas.
En nuestro Frente Amplio, hay dos certezas desde que nació. La primera radica en su crecimiento constante demostrado en cada consulta electoral, desde la vuelta de la democracia. La segunda: que también en cada consulta electoral surge una fuerza netamente mayoritaria que se despega, en votos y por ende en representación parlamentaria de las demás que integran nuestra coalición. Yo le agrego una tercera: A diferencia del fútbol uruguayo, ninguna fuerza ha sido netamente mayoritaria, dos elecciones seguidas. En efecto: en 1984, la lista 99 del doctor Batalla, recogió casi el cincuenta por ciento de los votantes; otro tanto ocurrió con Democracia Avanzada en 1989 y con Asamblea Uruguay en 1994. Luego, aunque con cifras más modestas, los preferidos fueron el Partido Socialista en 1999 y el Movimiento de Participación Popular en las últimas de 3l de octubre pasado.
Vale preguntarse por qué rotan las preferencias de los frenteamplistas. Yo le arrimo algún elemento: En 1984,recién salidos de la dictadura, descollaba la figura del doctor Batalla, por haberle correspondido la honorable y difícil tarea de defender al general Seregni, símbolo del frenteamplismo. En 1989, Democracia Avanzada abrió camino para que el contador Astori pudiera asumir como senador, encabezando todas las listas. En 1994, Asamblea Uruguay resumió toda la adhesión al Frente Amplio, levantando muy alto al general Seregni, mientras hacíamos nacer el Encuentro Progresista. En 1999, el Partido Socialista identificó su mensaje con la figura de Tabaré, el líder de todos, pero que había salido de su riñón. Mientras que en la reciente campaña electoral, la figura más destacada del MPP, al que todos llamamos Pepe, con cariño, practicó una política de identificación frenteamplista indudable, acompañada de un mensaje de amplitud magnífico.
Es decir voy sacando conclusiones los frenteamplistas, así, en general, los que adherimos a lo que el general Seregni llamó la «mística frenteamplista», tendemos a premiar a aquella fuerza política que emite el mensaje más claro para crecer y avanzar unidos. Es como una grifa que llevamos marcada en el orillo. Luego, al transcurrir uno, dos, cuatro, o cinco años de cada gobierno, no confirmamos en el tiempo, aquello que nos hizo optar en el momento electoral. Es la única explicación de que, a diferencia del fútbol, en nuestra fuerza política nadie repita campeonato. Porque para repetirlo, es necesario traducir en cada hecho político, la certeza de que se está cumpliendo con el mensaje previo a las elecciones.
Y termino con la última conclusión mía. En el Frente Amplio que es indudablemente la fuerza hegemónica del EP-FA-NM ninguna de las fuerzas políticas que lo integran es dueña de la mayoría de los votos. Tampoco pertenecen a ese otro sector de la estructura que definimos como movimiento y se materializa en las bases. Los dueños somos todos los frenteamplistas; los que vemos en él al instrumento que nos ha permitido alcanzar la meta por la que luchó mi padre; el instrumento que me dio la certeza de que es posible. Más allá de que todas las fuerzas políticas que lo integran tengan su núcleo duro de adhesión ideológica y política, es necesario poner la oreja en el suelo, para escuchar esa enorme masa crítica en el mejor sentido de la palabra, que, como una gran ola marina moja, ora una playa, ora otra. Creo que vale la pena considerarlo, para ver si corresponde que estas certezas vayan entrando en las cabezas de todos de manera paulatina, lentamente.
¡Feliz año nuevo que tanto nos merecemos!
Lo del título. *
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