Sobre el ciclo económico

Sin lugar a dudas la aprobación de un salario mínimo más acorde a la realidad económica de la zona en que está enclavado el país, es una buena noticia. Más allá de las dificultades que en una primera instancia podrán tener algunas empresas, la verdad que el aumento de ese salario al entorno de los 100 dólares, favorecerá a los trabajadores que se encuentran más sumergidos en la escala salarial y, de alguna manera, será uno de los factores que impulsará la necesaria reactivación de la economía.

Son miles y miles, una cifra verdaderamente sorprendente, los trabajadores que tienen como base de ingreso ese salario mínimo que, infinidad de empresas, utilizan como mecanismo de enganche de mano de obra barata. Un salario mínimo totalmente fuera de época, que hacia imposible a muchos trabajadores, una vida decorosa. Debían contentarse en trabajar para pagarse el transporte, debiendo depender para las demás necesidades vitales de familiares o amigos, o multiplicar sus tareas de manera infinita para sumar un «salario mínimo» con otro para poder subsistir indignamente.

Esa es la realidad de muchos jóvenes, altamente preparados, que ingresan a trabajar por esas sumas irrisorias, o de otros, mayores en edad, que deben multiplicar sus horas de trabajo para sostener a familias que, por supuesto, deben de vivir por debajo de la línea de la pobreza.

Lástima que para aumentar a alrededor de 100 dólares este salario, se le debió quitar al mismo su carácter de base de cálculo para prestaciones del Banco de Previsión Social (BPS), como la asignación familiar y los topes jubilatorios, verdadera e indigna afrenta que deben vivir los uruguayos que, luego de 35 años de aportes, ya en la tercera edad, cuando optan por la pasividad.

Como bien sabemos todos en el BPS se mantiene vigente un mecanismo de topes jubilatorios, tan arbitrario como deficiente. No importa que el activo haya aportado por sumas muy importantes que, al aplicarse una tasa de reemplazo adecuada, debiera cobrar una prestación de retiro infinitamente menor marcada por el tope jubilatorio. Sin embargo, luego de los engorrosos trámites, el resultado final es desastroso. Los pasivos que durante su vida activa más han aportado, cobran lo establecido por los dichosos topes, cayendo generalmente en la miseria de la que sólo se salvan, por supuesto, los que han logrado en sus cajas paraestatales, sortear este escollo hambreador.

Es evidente que en una economía sana no se puede castigar al hambre a un enorme grupo de gente que, al jubilarse, debe borrarse del sistema mutual, dejar de pagar las cuotas de la TV cable y del Banco Hipotecario, reduciéndose también en otros rubros fundamentales, como el de la alimentación.

La existencia de los topes en algunas cajas de jubilaciones, fundamentalmente las estatales, es una rémora injusta y agresiva. Injusta, decimos, porque muchas veces nada tiene que ver la suma cobrada en la pasividad con lo aportado durante toda una vida de trabajo, lo que determina en algunos casos que el BPS esté incurriendo en un verdadero despojo. Decimos, agresiva, porque de un día para otro, cuando las fuerzas flaquean, miles de trabajadores pasan de una vida digna a la miseria. Trabajadores que no tienen, como los políticos por ejemplo, subsidios importantes que les hagan sobrellevar por algún tiempo esa drástica reducción de los ingresos. Esperemos que este tema de los topes sea analizado y solucionado por las nuevas autoridades que comenzarán a gobernar a partir del 1ro de marzo.

Pero, también, existe otro aspecto de notable importancia que debe ser tenido en cuenta de inmediato. Es evidente que este incremento del salario real, al que se le sumará   posiblemente   la convocatoria de los llamados Consejos de Salarios, puede producir en el país una mejora de los ingresos de los trabajadores. Por supuesto que ante ello se hace necesario que se modifiquen dichos topes, pero también el sistema de indexación de la Unidad Reajustable (UR), verdadera espada de Damocles que pende sobre la cabeza de todos los deudores del Banco Hipotecario del Uruguay (BHU).

Recordemos lo ocurrido en el país en algunos períodos de crecimiento del salario real, como durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, que determinó un salto atroz en la UR, convirtiendo las cuotas del BHU en impagables. *

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