El gorro frigio
Puede que me tomen por determinista histórico. Y capaz que tienen razón. Los ciclos a lo largo de tiempo político en el mundo muy frecuentemente se repiten. Es la razón entre otras, de que mucha clase social rechina, lamenta y simplemente les parece ilógico y monstruoso ciertas realidades que inevitablemente se reiteran. No digo que los personajes, en su mayoría doctores, sean buenos o malos.
Los hicieron así, vivieron así y se consumaron así. Piensan en su «autoridad» intelectual. No se imaginan que Juan Pueblo puede ser más o menos inteligente que ellos. Sueñan con personalidades de sus pasados para ellos gloriosos que disfrutaron de niños. Se creen los destinatarios «brillantes» de sus antiguos pensadores, filósofos, políticos, etcétera. Ni se les pasa por la mente que los tiempos rotan y siguen los vaivenes de flujos y reflujos de intereses que el mundo tiene. Ahora nos tocó a nosotros. Permítaseme la osadía, yo que los conozco, de poder opinar. Hay escándalo rayano en el pánico indignado, porque el senador Mujica llegue en un Fusca o motoneta al Palacio de las Leyes, de camperita jean, championes bataraces y fragancia a 135 al caer la tarde, a tomar juramento a sus «pares» doctores incluido el ex presidente Julio María. ¡Admito que es todo un poema! Con todas las diferencias que puedo tener y tengo con el muy antiguo ex correligionario, fue blanco y herrerista, entiendo, cosa que los doctores «vestidos de negro» no pueden admitir, que con Mujica llega un sector enorme de pueblo que si somos realistas, reconozcamos, siempre estuvo fondeado, olvidado, explotado y en buen romance parafraseando al senador, jodidos.
Les tocó y es justo que alguna vez representantes de ellos, que no pertenecen a las clases sociales que a veces pasaban raudos en sus colaschatas por sus rancheríos sin siquiera verlos, llegue «sudoroso y apurado» en un 135. O en el fusca tosiendo humo. ¡No sea cosa que Julio María y sus «boys» se enojen por la espera al tomarles el Juramento. Si Gagliardi viviese, ¡qué poema se mandaría! O sea, en el podium senaturial en su suntuosa poltrona se sentará otra época. No idéntica, pero algo parecido a lo pasado en la Revolución Francesa. Un día las Tullerías se vieron invadidas por gente descalza, ropas míseras, con picas, palos, algunos fusiles, y llenaron sus fastuosos salones de gorros frigios rojos.
Y los marqueses, barones, princesas y nobles cortesanos, con sus largas y elegantes pelucas y trajes de seda, marcharon en carretas a la guillotina. Igual pasó en Rusia donde los Zares y sus nobles boyardos se enfrentaron a una masacre por no haber visualizado o ignorado al pueblo explotado hambreado que los barrió del mapa. En Cuba igual. Un amanecer bajaron de Sierra Maestra los guajiros con Fidel y el Che y paredón mediante no perdonaron pelo ni marca. Claro, después comienzan los lamentos y nostalgias. ¡Qué personalidad era mi «abuelito»! Compárelos con esta «runfla». En el lugar que se sentaban «aquellos», hoy se sientan «estos» ¡Qué vergüenza! ¡Y cuidado! Debieron darse cuenta con tiempo, que el «Pepe» se sentaría con méritos distintos, pero méritos al fin muy respetables porque además tiene el apoyo popular. Y punto. Ese pueblo que se descreyó de prácticas abusivas y reiteradas que melló su confianza. Confianza que también se habían ganado legítimamente aquellos ilustres abuelos de los que quedan solo huesos fosilizados.
Hoy, no pasan en Uruguay las consecuencias de los gorros frigios franceses, ni de los boyardos y zares rusos o de la Cuba de Sierra Maestra. Los tiempos también cambian. ¡Menos mal!
Porque si fuese igual que aquellos, con los ejemplos de «contratos de obra» para parientes y amigos, nepotismo grosero en cargos públicos, repartos de prebendas, beneficios y canongías que por décadas hemos sufrido, coimas y vaciamientos de bancos y demás «menudencias», los resultados habrían sido más drásticos que si Mujica le toca o no tomar el Juramento de marras.
El arbolito no debe tapar el monte. ¡A no quejarse! Esas elites directrices fueron los culpables. Los Mujica solo cosecharon lo que otros aristocráticos «doctores» de espléndidas prosapias dejaron olvidadas por el camino.
Preocuparse y escandalizar porque toma o no el Juramento mentado, no pasa de una masturbación intelectual de épocas precolombinas.
La Patria es dignidad arriba y regocijo abajo! Aparicio dignificó al Partido con principios, conductas y luchando por necesidades populares. Larrañaga paró bien a los blancos. ¡Por Dios! ¡Que no vuelvan los «buitres» vestidos de negro invocando prosapias de ancestros que no supieron emular! Dejen a los caudillos trabajar y ganar la confianza perdida del pueblo. ¡Vamos a preocuparnos por nosotros los blancos y olvídense del «Pepe»! Doctores: ¡no sean nabos! *
Compartí tu opinión con toda la comunidad