Navidad con fondo incierto y luces que se acercan

Imposible no registrar los infinitos matices en los que se refracta el estado de ánimo de los uruguayos.

El calendario, los anuncios publicitarios, llaman a consumir. Los salarios siguen quietos, los niveles de empleo deprimidos.

La animación callejera parece provenir más del futuro que se espera que de la realidad penosa que arrastramos.

Cierto bullicio no oculta la tristeza y, como nunca, las desigualdades golpean contra el sentido de la justicia social innato en la cultura popular uruguaya.

Unos mucho y otros nada. La inmensa mayoría casi nada.

La «gran reactivación», tan mentada en los divagues irresponsables de Alfie y Batlle no alcanza a la inmensa mayoría de los que viven de su trabajo, incluyendo a buena parte de las pequeñas y medianas empresas que producen o prestan servicios para el mercado interno.

El colapso del Estado coimero y clientelístico parece acercarse a su culminación.

Resultan inquietantes ciertos hechos de violencia, como los ocurridos en la Rambla de Pocitos durante la Noche de las Luces, en los que la acción disuasiva de la autoridad pública brilló por su ausencia mientras el malandrinaje hacía de las suyas.

La proximidad del nuevo gobierno ha sembrado sonrisas y buenas ondas. Pero todo el mundo mira.

Nadie debiera confiarse en la ingenuidad de los uruguayos, de sus trabajadores públicos, de sus profesionales y periodistas.

En algunos campos de la administración y del aparato estatal la impunidad ha echado raíces tan hondas que algunos ya lo confunden con el paisaje.

Pero no son roca ni suelo. Son raíces de unas malas hierbas. Han crecido por viejas pero no por legítimas. Han crecido amparadas en la complicidad y el secreto.

Soportarán mal que la gente se entera de todos los delitos, pasados y presente que se están perpetrando contra los uruguayos.

Los uruguayos festejan sí. Y recuerdan.

Y llegaran, incontenibles, las auditorías administrativas, y si cuadra, la intervención de los jueces. Con el nuevo Presupuesto Nacional llegará la hora de la calificación técnica de un Poder Judicial, al que se le dará los recursos que correspondan para el buen desempeño de la acción jurisdiccional y sobre el que el Poder Ejecutivo no ejercerá presiones, terminando con la vergonzosa situación actual.

Llegará la hora de terminar con el caos en la salud y la tremenda desigualdad de oportunidades para la atención sanitaria que existe entre los uruguayos.

La hora de una educación con recursos y autonomía, con coordinación, con planes de consenso que pongan final al caos.

Y así en todos los terrenos.

Unas navidades de tristeza para hoy y estimulante expectativa para mañana, para marzo, para el 2005.

Unas navidades de reencuentro con lo que hemos sido y con lo que queremos ser como país.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje