Recuperar la fiesta entre todos

Sé que me van a decir que la economía es cosa seria, que los ministros de Economía deben ser mucho más serios, que los presidentes  después de la experiencia vivida  no deben ser divertidos, pero tengo el más firme convencimientos de que el doctor Tabaré Vázquez y su fuerza política deben recuperar la fiesta y la alegría, con el aporte de todos, para poder sacar adelante al país y a su gente.

En este sentido, desde que el EP-FA/Nueva Mayoría ganó las elecciones nacionales, los mensajes han sido contradictorios. El espectáculo de la danza de nombres sobre cargos en el futuro gobierno ha sido la cara oscura del nuevo proceso. Mientras que la cara positiva ha estado dada en la breve gira de Vázquez por el interior del país, en esos eternos pueblos olvidados.

En medio de esta idea de recuperar las razones de un triunfo, visualizo al plan de emergencia social no solo como un compromiso ético, donde el arroz y la leche lleguen hasta la última barriguita vacía del país, sino que a la vez tendrá que transformarse en una gran revolución cultural que ponga de pie, con alegría, al conjunto de la sociedad.

La instrumentación y concreción del plan de emergencia tiene como prioridad calmar el hambre, llevar la salud, el techo y el abrigo a todos, crear oportunidades de empleo y de vida, siendo en sus entrañas un gran objetivo de patria de los uruguayos que se disponen a vencer a la indigencia, para frenar el proceso de ruptura social y devolverle la dignidad al hermano.

Junto con el arroz, el churrasquito y la leche, junto a las vacunas, debe ir la música, el teatro, la enseñanza, el video, el cine, en brazos de los trabajadores y los empresarios, los estudiantes y los docentes, los funcionarios públicos y los empleados privados, los medios de comunicación y las organizaciones sociales, para que esa patriada se transforme en un desafío nacional de toda una sociedad que se dispone a tener metas concretas y colectivas y de esa forma recuperar la fe en sí misma.

El plan de emergencia no puede limitarse a que funcione el aparato del Estado  que tiene que funcionar como nunca  sino que a la vez tendrá que rodearse de pueblo, de civismo, de sentimiento y de alegría para que se sienta que se está ante la posibilidad de un gran triunfo colectivo.

El gobierno de Vázquez será de izquierda, promotor del cambio, no solo porque le vaya bien en la economía y la vaya bien en los bolsillos de los uruguayos, sino también porque fue capaz de devolverle el alma al cuerpo de la sociedad.

Ya se han dado pasos importantes. Hay que destacar el inmediato apoyo que recibió la propuesta del plan emergencia por parte de la Conferencia Episcopal, de la Federación Médica del Interior, del Sindicato Médico del Uruguay y del PIT-CNT, entre otros. Pero esta misma actitud se tiene que extender a cada zona de la sociedad, donde necesariamente la izquierda y el progresismo tienen que ponerle mística, ideas, musculatura, sueños.

Deben ser los sectores populares y sus organizaciones, sin abandonar sus reclamos propios y en muchos casos también urgentes, los que tienen que ganarse un lugar en esta gesta democrática que se desarrollará en torno a las acciones del plan de emergencia. En este sentido hay mucha experiencia acumulada en la sociedad, como ser las viejas misiones pedagógicas de Julio Castro, la organización de los plebiscitos, los programas solidarios de la televisión, la solidaridad con otros pueblos como en las campañas de alfabetización, en el corte de caña o la recolección del café, así como el trabajo diario de miles de uruguayos en las ollas populares, en las ONG, en centros religiosos y laicos.

Si esto ocurre el grito de «Â¡Festejen, uruguayos, festejen!», será más justificado que nunca. Y la fiesta se habrá recuperado entre todos, aunque con eso solo no alcance para sentir que el país y su gente ven en el horizonte un buen amanecer. Pero la sociedad habrá recuperado su musculatura, la alegría de otros tiempos y la capacidad de superar sus contradicciones, que las hay y las seguirá habiendo.

Este clima festivo a conquistar, que no es solo llevar sino también traer lo bueno que hay aún por descubrir entre los más necesitados, no es otra cosa que sentir que valió la pena y que seguirá valiendo la pena. ¡Que siga la fiesta! *

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