Nuevas hazañas de las tres familias

No te fíes de esa trinidad» (M. Moliner página 1391)

 

El reconocimiento por parte de Antel de la existencia de una instalación clandestina de cables de televisión en la infraestructura construida por el Ente, traspasa largamente lo que el ciudadano común puede entrever del grado de descomposición al que asistimos.

Descomposición y descaro por parte de responsables activos del ilícito, la «non santísima trinidad» compuesta por los canales privados, las «famiglie» que controlan la televisión abierta, la que se brinda para abonados y buena parte de las concesiones de radios AM y FM otorgadas en el país.

Ilícito también previsible por parte de alguna autoridad del Ente Telefónico que amparó (¿por simpatía desinteresada?) a quienes están haciendo uso de las instalaciones por donde pasan los cables de fibra óptica pagas por el Estado, solventadas por los usuarios de los servicios telefónicos.

No importa que la instalación de la red de televisión para abonados estrague las redes de la comunicación instaladas por Antel.

¡Qué capitalismo tan «liberal» el nuestro! ¡Qué reglas de juego tan transparentes! «Liberales», claro, para aprovecharse de las instalaciones pagas por otro, pagas por el Estado. Liberales como despilfarradores de lo ajeno.

En manos de ese grupo de intereses, que para afuera son tres y para el Estado solamente uno, versión pervertida de la santísima trinidad, es que está el grueso de las comunicaciones en el país.

El control de la información y el de la desinformación. La labor «cultural», la promoción y exaltación de valores, el reconocimiento a la identidad nacional. ¡Por favor!

La estafa de los tres canales es como una condensación simbólica del estado del país. De la corrupción que lo horada, de una realidad invisible al ciudadano común que pisa confiado creyendo que lo hace sobre tierra firme y en realidad lo está haciendo sobre una realidad «perforada», un suelo clandestinamente trepanado en beneficio de un monopolio privado. Nada ni nadie ha detenido hasta ahora a los corruptos. Con el apoyo de una parte de la burocracia estatal, han hecho y hacen lo que quieren.

Las anunciadas auditorías administrativas tendrán sin duda para entretenerse.

No hace muchos meses, un representante nacional realizó un pedido de informes acerca de si las empresas que controlan la TV por cable pagaban un canon por la utilización de las columnas y el tendido de redes de otra empresa pública, UTE.

No hemos tomado conocimiento que las autoridades hayan dado respuesta a dicha razonable inquietud legislativa.

Algunas estimaciones calculan que lo adeudado solamente a UTE se trata de una suma multimillonaria en dólares.

¿Qué va a pasar cuando la nueva administración pida cuentas y cobre lo adeudado?

¿Reclamará la non-santísima trinidad en nombre de la libertad de prensa?

¿Asumirá la actitud de las empresas que controlan la mayor parte de la televisión en Venezuela, que se pretenden intocables y dedican la mayor parte de su programación a conspirar contra el gobierno constitucional?

¿Qué actitud van a asumir «las familias» con la difusión pública de estos ilícitos?

¿La misma que cuando el infractor es un desdichado que malvive en un asentamiento precario?

Mientras tanto, hace bien en su edición de ayer LA REPUBLICA al publicar los términos de la draconiana ley que protege al pequeño grupo de aprovechados de la TV por abonados. Recuerda que la multa impuesta por la norma sancionada en el 2002 establece una multa que va de 80 a 800 unidades reajustables.

Felizmente, el tiempo de los privilegios aberrantes toca a su fin. Ya se oyen los claros clarines. *

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