Los lectores nos tiran de las orejas
Los lectores son implacables. No dejan pasar una, y hacen bien: es la forma de que corrijamos nuestros yerros y nos superemos.
1) La cerrense Lila detectó un error de concordancia en una información sobre la integración de los organismos estatales: «Sanguinetti aceptó la cuota asignada: 1 de cada 10 directores serán colorados«.
Sostiene Lila, con razón, que se ha vulnerado la concordancia entre sujeto y verbo. En efecto, el sujeto del verbo ser es singular (uno), por lo que resulta un error sintáctico escribir verbo y atributo en plural. La lectora sugiere reformular la oración de la siguiente manera: «…aceptó la cuota asignada: de cada 10 directores 1 serán colorados». Pero resulta que así, estamos en las mismas ya que el núcleo del sujeto sigue siendo perfectamente singular y no hay razón alguna para conjugar el verbo en tercera del plural. Para no violentar la sintaxis, se debería haber escrito «Sanguinetti aceptó la cuota asignada: 1 de cada 10 directores será colorado». No hay otra.
2) Otro atento lector nos hace llegar su crítica respecto del vocablo insucesos, aparecido en el título de una nota editorial y en el siguiente pasaje extraído de la misma: «Pero los últimos insucesos que reseñamos en esta nota dejan al desnudo otra faceta no menor…».
El editorialista sin duda quiso expresar la idea de que los hechos ocurridos en un complejo habitacional y en el estadio eran acontecimientos dolorosos, luctuosos, desgraciados, nefastos, negativos y todo otro calificativo más o menos sinónimo que a usted se le ocurra. Pero no corresponde hablar de insuceso porque –por más que sea de uso bastante extendido para referirse a un hecho de esas características– ese sustantivo no existe.
Ahora bien. Aceptado esto, no debemos condenar todo neologismo por el mero hecho de serlo. Hay un sinfín de vocablos que el diccionario de la Real Academia no registra pero que son empleados cotidianamente no por los académicos pero sí por los verdaderos forjadores del lenguaje, es decir por la comunidad lingüística, responsable en definitiva de la evolución de la lengua. No debemos olvidar que los idiomas son un hecho eminentemente social y dinámico, en constante cambio, y que, en rigor, los gramáticos no hacen sino consagrar oficialmente las modificaciones semánticas, morfológicas y sintácticas que los hablantes introducen en su código lingüístico.
–Si es así, ¿me quiere decir por qué carajo se pasa corrigiendo a los demás?
–¡Qué lo parió!
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