Señales auspiciosas

A medida que pasan los días y se van conociendo no sólo los nombres de los integrantes del futuro gabinete ministerial sino, además, cuáles serán sus prioridades, parece ir afianzándose la idea de que el gobierno que asumirá el próximo primero de marzo se diferenciará netamente de aquellos que lo precedieron.

Más allá de los conflictos internos, de algunas desavenencias, de ciertas discrepancias inevitables en toda fuerza política, la población percibe en los gobernantes electos y en los futuros jerarcas de la próxima administración una voluntad de cambio que confirma lo que fue la idea-guía de la campaña electoral del EP-FA-NM.

Resulta innegable que los uruguayos venían inclinándose cada vez más hacia la necesidad de cambios profundos –obviamente no revolucionarios pero sí radicales– y por ello se expresaron en las urnas a favor de las propuestas que ofrecían un camino diferente del seguido hasta entonces. Los votos hacia la fuerza que a la postre resultó triunfadora así lo demuestran; pero también una buena parte de los sufragios a favor del sector mayoritario del Partido Nacional debe verse como otra expresión de esa voluntad de cambio, más allá del acierto o el error en la opción electoral.

Pues bien, los primeros pasos –o los pasos recientes– dados por los nominados integrantes del futuro gabinete, deben interpretarse como una señal clarísima de un viraje significativo en el rumbo que el país ha mantenido hasta hoy. Los uruguayos estamos asistiendo a un nuevo modo de hacer política, a una nueva forma de encarar la administración de la cosa pública y a un nuevo relacionamiento de las autoridades con la sociedad.

El senador José Mujica –designado al frente de la cartera de Ganadería, Agricultura y Pesca– se ha reunido con las corporaciones que nuclean a los productores agropecuarios, pero también con la dirigencia de la central sindical. Esos dos movimientos auguran una gestión integradora desde un ministerio clave para la economía del país.

Paralelamente, otro futuro ministro –Jorge Lepra, que estará al frente de la no menos importante cartera de Industria y Energía– también mantiene reuniones con empresarios y con trabajadores; visitó, en pocos días, al PIT-CNT, a la Federación Ancap y la recientemente reciclada empresa Funsa. Son todos gestos que permiten avizorar una gestión acertada, también desde un ministerio clave en la recomposición del aparato productivo.

En ninguno de estos casos se trata de un vano intento por conciliar intereses antagónicos. De lo que se trata es de comprometer a todos los actores en la tarea de reconstruir un país destruido por años de irresponsabilidad, de ineptitud, de negligencia y de prevalencia de intereses personales o sectoriales por encima del interés de la nación.

También Eduardo Bonomi –que tendrá a su cargo otro ministerio relevante– se hizo presente en el local de la central sindical y reiteró el propósito de convocar nuevamente los consejos de salarios, aunque envió una clara señal –coincidente con la postura del equipo económico conducido por Astori– en el sentido de no prometer «salariazos» que luego no podrían cumplirse o que comprometieran el normal desarrollo económico y social del país.

En el caso de la cartera de Trabajo y Seguridad Social, la visita de su titular al PIT-CNT no es algo especialmente novedoso, pero sí lo es el claro compromiso del gobierno electo de tomar las medidas necesarias para dignificar al asalariado.

Como se advierte, se trata de pasos más que positivos hacia el cambio de rumbo anunciado durante la campaña. *

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