Cambios en Emergencia

«La decisión de cambio procede del cambio del punto de vista de una apertura conceptual e imaginaria sobre un ‘otro posible’. No es porque se tenga conciencia que una situación es insoportable que se decide cambiar, es el día que se concibe que una situación puede cambiar que nos damos cuenta que ella es insoportable». (Jean Paul Sartre)

 

Cambiar no es fácil. Sabemos por experiencias en lo personal, que aun cuando sufrimos, incluso lo insoportable, a veces no lo podemos modificar. Transformar es más complejo que el solo hecho de tener la voluntad de cambio. Cambiar es abrir nuestras cabezas a otros posibles.

Persistencia y cambio han sido temas filosóficos. En la vida cotidiana todo parece estar prefijado para la persistencia y no para los cambios. La inercia parece mas cómoda, nos da tranquilidad, no genera conflictos, desafíos ni angustias. En general los cambios se nos imponen y nos desacomodan. En la vida política lo «real» parece estar «naturalizado». En rigor lo que hay es producción de naturalización, y esa es una de las armas más letales de las clases dominantes.

La derecha, que existe –porque en algunos discursos parece que todos somos amigos, somos «uruguayos»– tanto la económica como la política, parecen inclinarse ahora por el abrazo del oso.

La cooptación de los más «amigos» dentro del FA. «Somos en definitiva la misma cosa».

«El Cr. Astori va por el buen camino» al decir de George «Fantastic» Batlle. Intentan demostrar que «gobernar» es aceptar las cosas como son. «Ya ven cómo irremediablemente se encaminan por la misma política».

Arguyen que la lógica del modelo neoliberal no se puede cambiar porque pertenece «científicamente» a los procesos económicos, más allá de la decisión de los hombres. Que lo único que queda es crecer, por lo tanto seducir inversores (de cualquier tipo) y luego ver si y cómo se reparte. Negociar, lo que se dice negociar con los organismos internacionales sería, como hasta ahora, un trámite de buenos modales, de gestualidades donde no hay ni problemas ni diferencias. La experiencia argentina parece demostrar que se puede negociar (es decir exigir y aflojar) desde posiciones dignas, serias y firmes. No pasa nada. Por el contrario, a uno lo respetan más.

Los medios de difusión colaboran en crear un clima donde no se distinguen los tantos. Entre los frenteamplistas algunos pesimistas pueden abroquelarse en una visión cerrada y hermética que solo ve las contrariedades. No pueden advertir las potencialidades de esta indubitable victoria popular. El 1º de marzo Tabaré y su gabinete firmarán el decreto sobre el Plan de Emergencia. Se puede mirar como una medida simpática, feliz, solidaria, caritativa, «el corte social del progresismo». Pero podemos asumirlo como un desafío. Para generar una movilización popular solidaria que genere participación, organización y lucha contra la pobreza y contra el modelo que todavía impera en tantos terrenos.

Después de votar, todos tenemos dos opciones. Sentarnos a esperar que «nuestro gobierno haga lo prometido», aceptando pasivamente los avances y/o criticando ácidamente sus retrocesos o vacilaciones. Demandar «lo nuestro» sin integrar nuestras justas y postergadas reivindicaciones en una visión que abarque al conjunto del movimiento popular e integre en la movilización a los sectores más postergados y golpeados de la crisis que no tienen «escudo», ni organización ni representación.

Otra actitud es ver el gobierno progresista como un campo de posibilidades. Integrarnos, participar, informarse, controlar -si controlar en tanto agentes de cambio- desde una visión que nos permita ir acumulando fuerzas, aislando a los escollos y los enemigos más fuertes, mantener las alianzas a nivel social que no nos fragmente más de lo que estamos. La debilidad estructural de las organizaciones obreras y populares exige que desde arriba y desde abajo tengamos la capacidad de elaborar una estrategia de resistencia activa. Lo primero es lo primero. El 1º de marzo todos en la misma línea de combate para instrumentar el Plan de Emergencia.

¿Solo eso? No. Sería un riesgo focalizar los recursos y condenar a los indigentes a un nuevo aislamiento. Vincularlos (vincularnos) en una dinámica solidaria con la participación de los trabajadores de la salud, de la educación y de los servicios sociales y estatales, con los vecinos, es un tema a la vez sindical y político. La participación no puede ser solo instrumental, sino que deber servir para organizar pueblo y generar dinámicas ciudadanas que abran más espacios de democracia.

Es un principio con que debe conducirse la dirigencia. La más encumbrada, la intermedia y la de abajo. Sí. Porque es responsabilidad de todos los que tenemos precisamente «responsabilidades». Informar, articular y procesar participaciones que tengan otras lógicas y otras intensidades, facilitar y estimular todo tipo de compromisos, por pequeños que parezcan. Escuchar opiniones. Informar nuevamente. Discutir desde el vamos las políticas a todo nivel. No solo a nivel de las responsabilidades de gobierno. Si dotamos de energía sana a las organizaciones políticas, sindicales, sociales, barriales, podemos ser, precisamente, operativos en lo institucional.

En fin, tener voluntad política de propiciar aquello que afirma el presidente Hugo Chávez: «Para luchar contra la pobreza tenemos que dar más poder a los pobres». *

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