¡Festejen, jubilados, festejen!

Porque tendremos las últimas fiestas sin pan dulce, ya que estos jerarcas se tienen que ir. Es decir que otra vez un jerarca colorado nos niega el aguinaldo. El ministro de Economía quiere hacer muy bien los deberes y nos dice muy serio que no tiene plata, mientras se abraza sonriente con el FMI y el Banco Mundial.

Lo peor es que no está solo, y el resto del equipo de gobierno lo acompaña, desde el distraído ministro de Trabajo y Seguridad Social, hasta los cuatro directores políticos del BPS, que ni abrieron la boca para ocuparse de la última oportunidad que tenían de ayudar a los pasivos, ya que deben emprender su inapelable retiro.

Su actitud fue premiada por la masa de jubilados, que les dijo que se fueran cuanto antes, y por eso es que desde el 1º de marzo tendremos nuevos responsables en la conducción del tema previsional.

Deberemos pasar las próximas fiestas sin los pesitos necesarios que requieren los tradicionales festejos, aunque ya sabemos que será el último castigo que nos asestan colorados y blancos, porque tampoco escuché a ningún guapo que nos mencione, para que nos paguen la retribución especial de fin de año.

Sin embargo están preocupándose por ingresar a un tendal de nuevos funcionarios, como en la mayoría de las oficinas públicas o permitiendo las omisiones en los aportes a ciertas intendencias, que muy campantes delatan sus infracciones, o permiten que varias empresas forestales ignoren los aportes legales, contratando a menores con total impunidad. Todo eso se paga, les llegó el fin y por lo mismo, tanto trabajadores como jubilados estamos contentos de cerrar toda una época de mala práctica de la responsabilidad de gobierno. Las próximas fiestas las pasaremos alegres, al saber que se terminó la época del maltrato a la clase trabajadora.

Son muchas las reivindicaciones por las que luchamos, una de ellas es este insensible criterio de haber eliminado el aguinaldo a los pasivos. Porque resulta innegable que la familia se integra también con ancianos, tanto abuelas como abuelos, que formamos el núcleo central de la sociedad, que los pocos pesos que nos dan los vertemos en seguida en la plaza, que no los usamos para compras suntuosas, y que ni da para guardarlos en un banco, que representan todo un símbolo cariñoso de integración al conjunto de la sociedad, que en muchos países se cumple, baste enterarnos de la decisión del gobierno argentino, sin ir muy lejos, que anunció el incremento de la anterior partida.

Por todo esto es que este fin de año nos reuniremos con la firme esperanza de una nueva vida, que recibiremos 2005 con la alegría de haber conseguido un cambio que aliente a pasar los últimos años de nuestras vidas en mejores condiciones que las actuales. Festejen, jubilados, festejen, que no es un mero convite político.

Es la auténtica realidad que estamos disfrutando a partir del 31 de octubre pasado y que será cumplida por el gobierno electo. Que se hará justicia y todos los jubilados y pensionistas podremos pasar una vejez mejor. *

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