Con remarcable anticipación, el primer gobierno progresista de la historia del paÃs acaba de designar el más alto nivel de autoridades que estarán, junto al presidente Vázquez, en la cúpula de la administración.
Las designaciones produjeron también algunos cambios en la composición de las Cámaras legislativas, ya que buena parte de los nuevos ministros habÃan obtenido el respaldo ciudadano para escaños parlamentarios de los que, ahora, se harán cargo sus suplentes.
Aunque muchas de las figuras tienen una amplia trayectoria como dirigentes polÃticos o gobernantes en el plano departamental, todos se inician ahora en el desempeño de la conducción polÃtica y administrativa del paÃs.
Algo similar ocurre en el ámbito parlamentario donde aparecen figuras sin experiencia legislativa anterior, al menos en el plano nacional.
El cambio en los elencos es un dato de gran importancia para un paÃs que tendió a la reproducción grupal o familiar de los cargos de gobierno.
Pero estas modificaciones culminan, y se fortalecen, con el hecho de que estos gobernantes están unificados en torno a un quehacer programático común, a una coincidente visión del paÃs, de sus problemas y de las lÃneas maestras para abordar las soluciones.
Nunca, desde hace mucho tiempo, un elenco nuevo, portador de un programa nuevo, habÃa tenido con anticipación, claridad y expuesto públicamente, un programa de cambios o un plan de acción transformadora como este que accederá el próximo 1º de marzo.
Esos hechos, aun tomados aisladamente, constituyen un factor auspicioso y estimulante, un paso democratizador que el paÃs estaba necesitando desde hace tiempo y sin el cual no se le hacÃa posible empezar a transitar los caminos de las transformaciones profundas que, desde muchas esferas además de las progresistas, se han venido señalando desde hace muchos años.
Por esa razón es que asistimos a esa particular sensación de simpatÃa y apoyo con que el gobierno presidido por Tabaré es esperado por la inmensa mayorÃa de la población. Incluyendo en esta mayorÃa a una buena parte de ciudadanos que votaron por otros candidatos.
Sucede, además, que el nuevo elenco exhibe una condición notable, y es su ausencia de compromisos con los sectores que tradicionalmente han vivido arrimados a los confortables muros del poder.
El compromiso del nuevo elenco también es augural, predice cambios e indica orientaciones.
No serán las viejas capas privilegiadas, ni los intereses extranjeros los que dictarán el paso a la nueva administración.
Serán las necesidades inmensas de las mayorÃas empobrecidas y los arrojados fuera del sistema por la exclusión que es inherente al neoliberalismo, las que estarán en el primer punto del orden del dÃa en materia de cumplimiento de ese programa de transformaciones.
Ese programa progresista, que además de nuevo e innovador será popular, de justicia social, será democrático y no elitista y de contenido nacional y no extranjerizante, dará los primeros y trascendentes pasos para la construcción o reconstrucción del paÃs.
No les será fácil a los nuevos titulares del gobierno romper con las inercias de las capas más altas de una administración que, en buena medida, seguirá siendo la misma, con las limitaciones y deformaciones impuestas por muchos años de desgobierno.
Esta vez, a diferencia de los gobiernos anteriores, el nuevo elenco contará con el apoyo efectivo de amplios y bien organizados sectores populares, intelectuales, artÃsticos, docentes, gremiales y de un amplio respaldo en los jóvenes y en los trabajadores.
El sereno optimismo con que la población espera los deseados cambios es un buen augurio de que se está caminando de acuerdo con lo que este pueblo ha decidido con toda su fuerza y toda su convicción. *
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