Primero están el país y su gente

La llegada de un nuevo gobierno encuentra al Uruguay con una gran cantidad de problemas sociales fruto de una mezcla de incapacidad e indiferencia de quienes gobiernan hoy, que prefieren mirar hacia otro lado y hacer de la cuestión social un problema financiero para los que nunca hay recursos, ni para soluciones estructurales ni para situaciones coyunturales.

La permanencia en el tiempo e incluso su agravamiento, demuestra un despojo de responsabilidad en cuanto a políticas sociales de parte de los sucesivos gobiernos y ello causa un daño a la sociedad cuya recuperación demandará seguramente un tiempo mucho mayor que el que insumió el proceso de deterioro.

Esto no quiere decir que el gobierno entrante no asuma su responsabilidad con la dedicación y firmeza con que debe encarar estos problemas como conductor de un Estado que es responsable de todas las carencias del entramado social. Para que esto suceda depende de que quienes asuman la delicada, responsable y ardua labor de administrar las políticas sociales, –su instrumentación, aplicación, seguimiento, preservación y mejora permanente– tengan o adquieran plena conciencia de cuánto pesa en la sociedad esta clase de políticas.

No hay dudas de que entre el gobierno electo y las organizaciones sociales, principalmente de trabajadores y jubilados, existe una sintonía, pero esta no va mucho más allá del diálogo existente y del reconocimiento de los problemas más preocupantes que la ciudadanía enfrenta. No decimos que sea poco ni mucho. Hay que valorar que para los gobiernos anteriores incluido el actual, los de abajo no existieron, a la inversa del interés demostrado por cualquier manifestación efectista que realizaron las cámaras empresariales, donde sobran medios y varios ministros hacen de relacionistas públicos para empresas privadas. Nos han querido vender el aumento de la riqueza como propio. A esa estupidez la gente contestó votando y ahora llega el momento de dialogar, proponer, evaluar y resolver. Hay cosas que están claramente definidas. La administración entrante tiene un programa definido a corto plazo y es enfrentar la situación de emergencia que viven muchos uruguayos. Estamos de acuerdo. Tiene definiciones sobre una estrategia a mediano y largo plazo con las que tenemos coincidencias, pero no en todos los casos de su aplicación puntual.

Hay algunas situaciones que para las organizaciones sociales son temas de principios, por ejemplo, las AFAP. Existen mil razones para que desaparezcan mañana y no creemos que por contemplar el compromiso político contraído por algún integrante de la coalición vencedora en los comicios, que ayer estaba fuera y votó con el gobierno y hoy está dentro de las grandes mayorías por una simple estrategia político-electoral, se tire por la borda el interés general de miles y miles de trabajadores a los cuales les han transformado sus aportes en dinero de «timba». Es más, durante años, el partido hoy vencedor proclamó su oposición a la privatización de la previsión social, gestada en compromisos con los organismos financieros internacionales y que estos gobiernos súbditos han transcripto para alegría de capitales foráneos o para que un par de docenas de acólitos gubernistas estén cobrando varios miles de dólares pagados por quienes muchas veces no tienen para comer.

Después que la muy buena letra se ha hecho tan famosa, no creemos que le vayan a cambiar la música.

Seguimos teniendo confianza en los que fueron electos y en los que seguramente ocuparán los cargos claves que serán fundamentales para que el país cambie, para que cambie la condición de la gente, para que cambie esta tristeza que hay detrás de ese uruguayo simple al que le han robado hasta la dignidad y que no soporta más la mentira: «Si pasás hambre, la culpa es tuya, porque el país sigue creciendo». *

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