¡Qué tupé el de Búsqueda!
Don Lewis Carroll, el autor de esos formidables relatos como son «Alicia en el país de las maravillas» y «Alicia a través del espejo», dueño de un humor corrosivo y libertario para denunciar las imposturas de las clases altas británicas, recomendaba a los jueces que iban a establecer sentencia sobre un acusado, que llevaran escrito en una tablilla su propio nombre.
De este modo, los magistrados no se olvidarían de quiénes eran ellos.
Un consejo similar habría que facilitarle al editorialista del semanario Búsqueda, que en un escrito de la semana pasada, concluyendo un alambicado fraseo acerca de los peligros que para las libertades públicas significa el triunfo del Frente Amplio, concluye preguntándose si «(…) cuando las papas quemen, si alguna vez llegara ese extremo por cierto indeseado, ¿reaccionarán como un Fidel Castro? ¿Mandarán a acallar a la prensa? ¿Condenarán a los periodistas disidentes a 20 años de prisión? ¿Los liberarán por conveniencia, nunca por convicción, sólo si la presión exterior se hace insostenible? Son preguntas válidas y temores legítimos.»
Resulta evidente que la tablilla para los jueces de don Carroll no se ha hecho conocer todavía por la calle Uruguay y Rondeau. Y Búsqueda opina, diáfana, inocente y pura, como si fuera un periódico que acaba de aparecer. Un periódico-niño. Un lactante de la noticia. Un párvulo de las ideas. Y no como lo que es y lo que ha sido en la historia de la prensa y en la historia de la libertad en el Uruguay.
El semanario aludido empezó a editarse, con parte de sus jerarcas actuales, bajo la dirección del Dr. Ramón Díaz, otro liberal sin tablilla, convertido en un fundamentalista de las ideas de neoliberalismo económico impulsadas desde la Escuela de Chicago y desde algunos países de la Europa rica y neocolonialista.
A fines de los años setenta, en el momento más duro de la represión contra el pueblo uruguayo, Búsqueda, con un formato de revista apenas algo más grande que el suplemento Tío Jorge que edita este matutino, intentó ser el organizador de aquel pensamiento teórico importado directamente de los centros mundiales del poder económico.
Pensamiento que empataba muy bien con las ideas impulsadas por los gobiernos militares de la región empezando por el nuestro, con Alejandro Végh Villegas y Valentín Arismendi y otros personajes de triste memoria.
Los ídolos de Búsqueda, Hayek y Milton Friedmam, alimentaban las usinas del pensamiento autoritario y oligárquico personificado por Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía de la dictadura argentina, apoyada y fundamentada largamente por artículos del inefable Mariano Grondona, reproducidos semanalmente en las páginas de Búsqueda.
Por entonces, el semanario, financiado por empresas fundamentalmente extranjeras (como la Esso, el Discount Bank, el Bank of América, KLM, Braniff, entre otras) actuaba como un vocero del gran capital, elogiando las drásticas reformas de la Thatcher, la estabilidad y el orden proporcionado a Chile por el régimen de Pinochet, y no cesaba de entonar, en medio de un país que se hundía en la pobreza, unos descocados «Elogios a la ganancia» que sólo podrían ser celebrados en las tertulias de los muchos aventajados que hicieron su agosto y sus negocios turbios durante la dictadura.
Admiradores de Reagan, no dejaron de hacerse eco de todas las calumnias contra el sandinismo y de apoyar las maniobras bélicas norteamericanas que asumían la forma de «conflictos de baja intensidad», no menos injustos y crueles, sobre todo con los campesinos, que otras formas más explícitamente declaradas de la guerra.
Durante los años más duros de la represión contra la prensa independiente uruguaya, Búsqueda comió y calló.
Mientras en las cárceles padecían escritores, periodistas, académicos, comunicadores e intelectuales de la primera línea del pensamiento uruguayo, como Carlos Quijano o Juan Carlos Onetti, encarcelados primero, obligados al exilio después, Búsqueda comía y callaba.
Mientras miles y miles de sindicalistas y militantes de izquierda eran encarcelados y torturados, Búsqueda, impasible, seguía predicando por la «libertad»…. de mercados.
Mientras decenas de sacerdotes y gente de Iglesia padecían persecución, torturas y cárcel, la gran preocupación que irritaba a los redactores de Búsqueda eran los debates del Obispado Latinoamericano en Puebla y los pronunciamientos avanzados de la Iglesia y su opción por lo pobres.
Mientras en la Argentina se entronizaba la Junta Presidida por Videla y los demás gobiernos militares que instauraron el horror en la ESMA e implantaran en aquel país el Terrorismo de Estado, Búsqueda elogiaba la estabilidad política lograda por los ilegítimos ocupantes de la Casa Rosada.
Cuando a principios de la década del ochenta, con una situación económica de estancamiento y un gran malestar social, algunos jefes militares empezaron a hablar de un «plan político» destinado a devolver el poder a los políticos blancos y colorados, ¿qué sostuvo el semanario «democrático» Búsqueda»?
Vale la pena detenerse en este punto.
Los militares, comprendiendo que su ciclo estaba agotado, preparaban una apertura política a su medida. Búsqueda criticó como apresurada la propuesta aperturista.
Según editorializaba, la obra no estaba terminada. El régimen militar (con sus cárceles pobladas, sus partidos políticos prohibidos, sin libertad de prensa, ni de reunión, ni de nada) esa dictadura debía continuar hasta completar el plan previsto de desestatización de la economía. El «flagelo» del Estado debía ser liquidado y el restablecimiento de la democracia podría ser un obstáculo para las privatizaciones.
Los golpistas debían permanecer usurpando las instituciones hasta completar su «obra económica» de extranjerización, aumento de las ganancias para los inversores y la desregularización laboral en un país sin sindicatos.
Búsqueda no tenía apuro por el advenimiento de la democracia y sus «impertinentes» libertades, entre ellas la de la prensa, la de los periodistas, la de los políticos de la oposición. La democracia con sus incómodas denuncias de las injusticias, con su irreverencia, los trabajadores con sus demandas. Los familiares pidiendo por los presos y los desaparecidos. Para Búsqueda, todo eso podía esperar.
Búsqueda estaba bien así, participando en los concursos de alcahuetería, tácitamente convocados por los amos militares. Sordos ante los dolores de los perseguidos y mudos para las voces que se alzaban contra el despotismo.
Señores de Búsqueda, miren la tablilla de Lewis Carroll. Repasen sus propios dichos, relean sus artículos de opinión y reconstruyan su silencios cómplices. Verán que quienes constituyen un peligro para la prensa y para todas las libertades democráticas son los que, con el silencio o la pluma, contemporizaron con el régimen de despotismo implantado en el país. Y no el Frente Amplio que a diferencia de ellos sí enfrentó, con altos costos humanos, los desbordes de la dictadura. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad