Un vacío de relacionamiento con la gente

Cuesta creer que luego de recibir el respaldo del 64% de los votos emitidos, los dirigentes de la Ffose no hayan sacado ningún comunicado dirigido a sus afiliados.

Ni un saludo, ni una felicitación, ni un agradecimiento a los cientos de trabajadores de OSE que en todo el país, primero recogieron firmas recorriendo calles, ferias, concentraciones, ganando una a una hasta llegar a la cantidad de firmas necesarias y luego salieron a convencer a los ciudadanos para que votaran la reforma propuesta. Nada les dijeron tampoco a todos aquellos que aportaron de sus magros sueldos las finanzas necesarias para imprimir las papeletas, hacer propaganda, financiar las actividades de la Comisión, aquí en el país e incluso en el exterior.

Parece que nadie debe ser agradecido.

Tampoco parece que haya que informar sobre las distintas visiones que, en la sociedad uruguaya, en los partidos políticos, en las cátedras universitarias, existen sobre el alcance de las normas aprobadas el 31 de octubre y de las consecuencias de su aplicación.

No hay nada que informar y menos parece que haya algo para ser consultado.

El 31 de octubre el pueblo se pronunció con total claridad. El 1º de noviembre ya todos sabíamos que la ciudadanía, orientada por la «Comisión» que propició el referéndum, por una parte del Partido Nacional y por todo el Frente Amplio, había apoyado masivamente la reforma y que ésta había superado holgadamente las mayorías necesarias para que el texto de la reforma fuera parte de la Constitución vigente.

Pensábamos que el 3 o 4 de noviembre (el 2 era feriado) asistiríamos a un gran festejo convocado por la «Comisión» o por los dirigentes de la Ffose, festejo mayor y más certero que aquel infeliz candombaile organizado por el Secretariado de la Ffose, cuando, en un acto fallido, llamó a festejar la muerte de Uragua, anunciada por el entonces ministro Atchugarry. («Los muertos que vos matáis…»).

Pero no, nos equivocamos, nada de esto pasó: ni festejos ni nuevos entierros. Pasaron los días y nadie entabló comunicación alguna. Escribimos esto el 30 de noviembre y día a día se ha ido profundizando la distancia entre los dirigentes y los afiliados al sindicato y los trabajadores en general de OSE. Crece y crece un real y profundo vacío de comunicación.

Esta falta de comunicación, de interacción entre dirigentes y dirigidos, no impidió que aquéllos continuaran dando públicamente sus opiniones a nombre del sindicato. E incluso que hicieran conferencias de prensa y anunciaran sus discrepancias con los sectores políticos que apoyaron el referéndum.

¿Esto está mal? Por supuesto que no. Todos tenemos derecho a opinar y discrepar. Todos.

No está mal que los dirigentes de Ffose y de la Comisión de Defensa del Agua opinen distinto a lo que opinan los dirigentes de los partidos políticos. Es bueno tener independencia de criterio.

Lo que sí es malo, lo que sí está mal, es que los representantes de los trabajadores no mantengan comunicación con los mismos. No se sientan llamados a consultarlos, a aportarles elementos objetivos para que puedan formar opinión. No los convoquen a discutir en asambleas para que, individual y colectivamente, puedan expresarse y ser oídos.

Y que luego los dirigentes digan, no lo que se les cante, sino que comuniquen lo que soberanamente sus mandantes resolvieron.

Eso es lo malo: creer que la opinión personal es la opinión de la gente.

Lo malo es estar un mes sin dialogar, sin escuchar, sin tener la voluntad de conocer cuál es la real opinión de las tan mentadas bases.

Total, para qué, ¿verdad? *

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