La verdadera integración

El próximo 9 de diciembre los presidentes de los países sudamericanos se reunirán en la ciudad de Cuzco, en Perú, para firmar la creación de un nuevo organismo de integración regional, en esta oportunidad la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN). Más allá de las fotos protocolares, donde todos posarán disfrazados de incas, de las expresiones de buena voluntad entre los pueblos sudamericanos y la creación de más cargos de burócratas internacionales para repartirse, ¿para qué sirve la CSN?

Los sudamericanos tenemos una creatividad institucional insuperable. Existen casi tantos organismos de integración regional como países: OEA, la Comunidad Andina, el Mercosur, la Aladi, el Grupo de Río, y tantos, que fueron naciendo y muriendo en las últimas décadas. Ahora, a iniciativa del presidente menos popular de América del Sur, según las encuestas, Alejandro Toledo (sí, incluso más impopular que Batlle), se va a crear otro más. Dada la experiencia, nada puede esperarse de estos voluntarismos sin el menor sustento en la realidad. Pero cabe preguntarse: ¿es este el mejor camino para Uruguay?

La experiencia de nuestro país con el Mercosur fue negativa. No sólo nunca funcionaron los organismos internos, sino que resultó ser una trampa explosiva. Poco antes de las crisis de Brasil y Argentina, nuestro país destinaba más de la mitad de sus exportaciones al Mercosur.

Fue esta dependencia, y no por cierto la dependencia de los países desarrollados la que resultó letal. Encerrarse en la región es una pésima forma de insertarse en el mundo, ya que está ampliamente demostrado que produce desvío de comercio y no creación, como sería deseable. No es cierto que el Mercosur sirva de plataforma de lanzamiento para tener mayor poder de negociación, en los hechos es una traba para la apertura económica. Ya hemos hecho experiencia.

¿Cuál debería ser la estrategia de integración de un país pequeño? Abrirse al mundo sin miedo, ya que nada tiene para perder. La estrategia consiste en «no poner todos los huevos en la misma canasta» sino en diversificar nuestro comercio, de forma de amortiguar las crisis que periódicamente sufren las diversas zonas del mundo, y, con particular asiduidad, la nuestra. Como en tantos otros temas en Uruguay, tal vez la necesidad conduzca a la virtud.

Lo que no hicimos bien cuando pudimos, vale decir la apertura comercial, tal vez se produzca de hecho producto de la crisis regional.

Algún día nos daremos cuenta que la mejor forma de evitar costos sociales, no es tirar la pelota para adelante indefinidamente, sino aceptar algunos costos en el presente, en tanto conduzcan a las reformas necesarias, que minimizarán los costos sociales a lo largo del tiempo.

Hace ya muchas décadas existieron economistas que hablaron de la dependencia. Sin embargo, nunca previeron que la peor dependencia era la que podíamos tener respecto a nuestros inestables vecinos. La CSN es otro intento vano de querer ignorar que vivimos en un mundo globalizado, en el que los que más tienen para ganar son los países chicos. Otra superestructura burocrática no es precisamente lo que Uruguay necesita. Necesita libertad de comercio, dejar de lado la xenofobia y venderle a quien nos quiera comprar y comprarle al que venda más barato. Esto es lo que ocurre cuando la economía funciona libremente. Éste es el camino para que nuestro país crezca. *

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