La inversión extranjera y el descalabro social en América Latina
Uno de los tópicos más repetidos del pensamiento económico contemporáneo –tan contagiado de la creencia «economicista» que todo pasa en forma prioritaria y casi exclusiva por la economía y sus indicadores– es la importancia que para los países llamados «en vías de desarrollo» tiene la inversión de capital extranjero, una condición previa e insoslayable para la aplicación de políticas sociales.
El economicismo, esta tendencia a reducir los motores del cambio social a sus aspectos económicos, desdeñando los factores políticos e ideológicos, las cuestiones de la distribución de la renta, de la justicia social y de la participación popular en la toma de decisiones, plantea posternarse ante los dioses paganos de la inversión externa en desmedro de una atención igualmente intensa a las cuestiones sociales, a la reparación del despojo y la miseria padecida por los trabajadores y los excluidos, la calidad de la educación pública y demás campos de las políticas sociales.
El debate, en los últimos años, ha atravesado toda América Latina y desde muchos centros de investigación y reflexión social se han alzado voces que alertan acerca de esta visión interesadamente unilateral de la cuestión de las prioridades.
Algunas de estas investigaciones que miran hacia lo social junto con lo económico advierten de algunos movimientos de los inversores extranjeros que vale la pena que no nos pasen desapercibidos, sobre todo en momentos en que se aproxima un período de cambio profundo en el gobierno y nuevas concepciones pondrán las cosas en su lugar, colocando, como ha dicho más de una vez el presidente electo, al hombre y a la comunidad como el centro de las preocupaciones.
La información proviene del insospechable de izquierdista Centro de las Américas y está dirigida al no menos insospechable Pentágono. Según una nota de la agencia Reuters, fechada en San Paulo, la violencia urbana en América Latina está afectando fuertemente la inversión extranjera en la región, según un informe de un grupo que defiende los intereses de grandes corporaciones.
La delincuencia ha elevado los costos de hacer negocios en la región y ha creado temor entre los ejecutivos de trabajar en los países latinoamericanos. La inversión en la región es cada vez más especulativa, y América Latina está perdiendo terreno rápidamente a manos de Asia en cuanto a atraer capital extranjero, dijo el Consejo de las Américas.
La seguridad personal pesa mucho para los inversionistas extranjeros y ha limitado su disposición a aumentar la inversión directa. Si América Latina y el Caribe no contienen la violencia y la corrupción que contaminan sus sociedades, van a continuar con un desempeño económico malo.
El promedio de homicidios en el mundo era de 8 por 100 mil habitantes en 2000, pero en América Latina la tasa es de 17 por 100 mil, 10 veces la de Asia. El informe dijo que la tasa de secuestros sigue el mismo comportamiento. Las víctimas tienden a pertenecer a familias o empresas que pueden pagar un buen rescate.
Por lo tanto, la comunidad de negocios se transformó en un blanco probable, y el impacto sobre los inversionistas es significativo, dijo el informe.
La corrupción también pesa en la decisión de invertir. Un sondeo de Transparencia Internacional mostró que América Latina y el Caribe se están convirtiendo en una región más corrupta, mientras en Asia ocurre lo opuesto.
Una encuesta hecha en octubre por la consultora global A.T. Kearney indicó que el interés de los inversionistas extranjeros se había «enfriado» en países como México y Brasil, y estaba dirigiéndose ahora hacia países como China e India.
En 2003, el flujo de inversión extranjera directa en Brasil cayó a su menor nivel desde 1995, a 10 mil 100 millones de dólares desde 16 mil 600 millones de dólares en 2002.
En México, las inversiones se redujeron a 10 mil 800 millones de dólares en 2003 desde 26 mil 800 millones de dólares en 2001, el nivel más bajo desde 1996. *
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