Los dolores que quedan son las libertades que faltan
Un mundo globalizado no quiere decir un mundo libre o que no existan importantes trabas a la libertad o en algunos casos, que directamente no la haya.
Asimismo un mundo globalizado tampoco significa un mundo de igualdad de oportunidades, más bien la globalización puede dejar ver las injusticias, las miserias, las iniquidades pero no necesariamente garantiza mayor democracia efectiva, bastante escasa en el mundo por cierto.
Se hablaba hace poco tiempo del «socialismo real», y se lo identificaba con acierto como sinónimo de carencia de libertades. Hoy podemos decir –sin pretender hacer comparaciones– que también existe una «democracia real» que tiene otro tipo de carencias y alguna de las que aquél tenía, pero en la que también se adolece de falta de equidad y de libertades que permitan hablar de plenitud de ciudadanía de la población.
La situación en la que está nuestra sociedad requiere de muchos esfuerzos, de una acción permanente y renovadora respecto del país que fue y ya no es. En esos términos corresponde ubicar dónde estamos parados para saber por dónde se va a transitar; el mapa de ruta y las opciones que nos brinda, hay que verlos para poder actuar.
Resulta necesario partir del marco histórico en el que nos encontramos en la comarca y en el mundo.
La libertad de comercio se proclama en todos los documentos que emiten los organismos y en todas las cumbres de países, pero no se actúa. Algunos ejemplos como la política agrícola de la Unión Europea, las barreras no arancelarias dan cuenta de esa libertad –en este caso de comercio– proclamada y no concretada.
En el mismo sentido podemos decir que en la región la integración se proclamó pero no tiene aún visos de concretarse efectivamente. Podemos concluir entonces que ese escaso desarrollo puede significar en los hechos una debilidad respecto de otras regiones y que por tanto también en este sentido se hacen necesarios esfuerzos de acción, que concreten el discurso de un Mercosur más real que virtual y demuestre la capacidad de ir cumpliendo objetivos, metas concretas.
En las dos dimensiones que se acaban de esbozar, nuestro país es tomador de decisiones, pero no tiene por ello todo determinado; se pueden hacer muchas cosas para participar en la región, para ser parte del mundo, de un mundo en que cada vez vale más el conocimiento que los comodities.
En ese mundo el valor agregado es conocimiento, y es en esa dirección –a nuestro criterio– que deben operar las sociedades para poder estar y participar. Al respecto se dice que para tener éxito las comunidades deben orientarse en la dirección de generar individuos con tales o cuales competencias. Nosotros preferimos hablar de ciudadanía, de ciudadanos que entre sus cualidades poseen la de ser capaces de aplicar sus destrezas de forma que redunde en valor agregado, en lugar de ver a las personas en forma unilineal como productores solamente.
En el sentido que venimos de indicar, corresponde observar otras dimensiones de la cuestión, los derechos humanos.
Se proclaman por todos lados pero en realidad las guerras, las desigualdades son el verdadero pan de cada día y Naciones Unidas se encuentra en estado de reforma no concretada y con capacidad de incidencia limitada.
En definitiva las cuestiones de la libertad, de la igualdad de oportunidades, de la sensibilidad y de la tolerancia están vigentes como problema, y como objetivo a alcanzar. En nuestro pequeño país, no aislado de este mundo, la cuestión es plantearse acciones concretas, efectivas, medibles.
Lo bueno debe rescatarse y fundamentalmente lo que debemos es recuperar la confianza, la capacidad y riqueza que está en las personas, y es a ellas que debemos apuntar. En estos términos aparece en primer lugar el tema de la educación como herramienta esencial para poder tener una sociedad integrada en la que la aceptación de la diversidad sea algo cotidiano. Por supuesto que un prerrequisito para poder educar a alguien es que ese niño, ese joven, esa persona esté alimentado adecuadamente.
En tiempos de incertidumbre como los actuales, debemos preguntarnos sobre la educación en general y la impartida por las instituciones, sobre la necesidad de un ejercicio de la docencia que asegure conocimientos socialmente significativos, posibilitando a su vez la formación de sujetos capaces de comprender y transformar el mundo al que pertenecen.
Resulta necesario abrir un diálogo a partir de preguntas del tenor de, ¿qué se enseña y para qué? Es preciso por otra parte, atender al trabajo con población en situación de vulnerabilidad. Aparece allí la necesidad de que ésta interactúe con el resto, que no se formen guetos.
La cuestión es adquirir ciudadanía, actuar como ciudadano. Para ello quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad social o directamente en la pobreza, la cuestión de un verdadero y efectivo ejercicio de la calidad de ciudadano puede ser algo a lo que deberá accederse pero que hoy es una asignatura pendiente. Nosotros creemos que a la ciudadanía no se llega solamente obteniendo la credencial cívica a los 18 años, sino que a la ciudadanía se debiera acceder desde que, en el vientre de la madre, cada uruguaya o uruguayo es un proyecto de vida realizable, digno y no una condena a la pobreza o exclusión.
Es fundamental priorizar a la gente, ese es el principio y fin de las políticas, es en definitiva con ella y por ella que trabajamos y quien justifica nuestras palabras. *
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