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El viejo partido de Rivera, y especialmente el sector liderado por Julio M. Sanguinetti, se ha hecho acreedor a esta calificación por su insistencia en destinar todo su esfuerzo publicitario en resucitar –tergiversándolo y torciéndolo a favor de sus intereses– un pasado que nada tiene que ver con los problemas actuales de los uruguayos.

Carentes de propuestas y proyectos creíbles para captar votos, sin logros que exhibir para atraer a un electorado que se le muestra esquivo, el único propósito que anima a los dirigentes colorados es sumar votos no importa con qué medios ni a costa de quién.

Desde luego que pretenden evitar como sea el triunfo de la izquierda; pero con la campaña de terror sólo han logrado un pequeño aumento de adhesiones a expensas de su aliado, el Partido Nacional. *

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