La esperanza del cambio se convertirá en realidad
Vivimos un tiempo de grandes compromisos y maravillosas esperanzas. Se huele en el aire una brisa confiada, una cauta alegría. La población trajina como siempre, con sus problemas, sus emociones, sus intereses, mientras un gran despliegue de carteles, papelería, avisos publicitarios en todos los medios, pugna por llamar la atención de los dos millones y medio de electores que, en pocos días, decidirá entre dos caminos distintos.
¡Qué pocas horas faltan para el 31 de octubre! Ese día, el simple acto de elegir una lista, que todos realizaremos responsablemente, cambiará el futuro de nuestro país y nuestra gente, porque llevaremos a Tabaré Vázquez a la Presidencia de la República y a un gran equipo parlamentario progresista que legisle con justicia, a favor de todos. Hay que tener muy en cuenta que no existe balotaje para elegir legisladores; es el 31 de octubre que serán electos los que por cinco años nos representarán.
Desde la Presidencia y el Poder Legislativo y también junto a nuestro pueblo, en los comedores y centros de asistencia populares, en los sindicatos, los socialistas y la 90 continuaremos los esfuerzos de toda nuestra vida con lealtad democrática, con profundo respeto a las instituciones pero más que nada a nuestro pueblo, que no se merece la tremenda indignidad de la pobreza y marginación en la que los gobiernos blancos y colorados lo sumieron mientras permitían el robo, la corrupción y el enriquecimiento ilícito de los privilegiados de siempre. Esa ha sido, es, y será nuestra tarea permanente. Desde cargos de gobierno y desde el llano, nuestros objetivos no cambiarán, porque vivimos la diaria como todos, y cuando nos toca ocupar cargos de responsabilidad mayor, ellos tampoco nos cambian a nosotros. Así nos disponemos a apoyar a Tabaré, conscientes de que el gobierno progresista se hace con todas y todos como ya lo probamos en Montevideo.
Tanto la 90 como todo el Frente Amplio y el Encuentro progresista han definido hace tiempo su programa de gobierno y lo siguen profundizando. No son cosas que se escriban a último momento para mostrar en la televisión o armar una pieza publicitaria, o para mostrar que prometemos más que un adversario ocasional. Claro que nos gustaría que los partidos conservadores nos dijeran cómo, con la misma política, van a mantener los privilegios, seguir obedeciendo a todos los dictados de nuestros acreedores del exterior, y erradicar la indigencia cuya duplicación es, como dice Gargano, el mayor milagro de estos coaligados.
No cabe en nuestros métodos generar miedos, ni mostrar verdades a medias, porque paralizan y confunden. No es el momento de denunciar con apresuramiento cuando, a tan pocos pasos de acceder a los lugares que nos permitan conocer realmente lo que pasa en el Estado, cómo se lo desmanteló y utilizó en beneficio de los amigos, los ciudadanas y ciudadanos sabrán confiar en quien lo merece y desterrarán para siempre de la conducción del gobierno a los que en esta campaña, en lugar de rendir cuentas sobre la política que aplicaron, sólo atinan a ensuciar y ridiculizar al oponente, menospreciando la inteligencia de la ciudadanía.
¿A qué más ha de temerle una madre que ya no puede alimentar a sus hijos en su propia mesa, que no puede darles abrigo ni educación, que debe mandarlos a recoger residuos o que, en el mejor de los casos, ha juntado unos dólares para que se vayan a otro país? ¿Qué temor mayor puede sentir la familia uruguaya que a los ladrones que se llevaron el dinero de los bancos con la complicidad de los que debían custodiarlo, y hoy pesa la deuda en nuestro futuro?
El natural temor al cambio no puede sobreponerse a ese otro que vivimos a diario, el de no saber si llegaremos a fin de mes, si mantendremos el trabajo, si podremos asegurar a nuestros hijos una niñez feliz ni menos un futuro.
Ciudadana, ciudadano, parecería que los candidatos blancos y colorados nacieron para estas elecciones, sin pasado alguno, dispuestos a construir un país de las maravillas con las recetas de siempre pero disfrazadas de «revolución». Pregúnteles sobre lo que hicieron, para saber qué puede esperar de ellos, blancos y colorados. La farsa que han montado sólo esconde la verdad. Diviértase con esa farsa, si puede, porque nuestras murgas son mucho mejores. Pero decida su voto fuera del tablado.
Dispuestos a cambiar la realidad oscura de hoy, con el amor y el respeto a la patria y su gente que Artigas nos legara, la 90 de los socialistas, junto a un gran elenco del Encuentro Progresista Nueva Mayoría en el Parlamento para apoyar a nuestro compañero Tabaré, esperamos confiados el amanecer del primer día de noviembre, para festejar juntos el nacimiento de un tiempo nuevo, de un Uruguay para todos. *
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