El último retorno de los alacranes

«La violencia se instala al final de la campaña». Ese fue el título de portada del diario El Observador del día de ayer. En su página 3 insiste con una apuesta mayor al miedo: «Vientos de violencia a ocho días de las elecciones». Para matizar, da una información real sobre el presunto robo de 250 mil papeletas del «Sí» por la Reforma del Agua.

Mientras el presidente Jorge Batlle asegura que el domingo 31 todo se va a desarrollar con normalidad, el estratega del mal, Julio María Sanguinetti, augura presagios impensables y sólo le falta decir que los tupamaros tomarán las armas en cualquier momento.

Desde hoy hasta que se imponga la veda a la 0 hora del viernes, los diarios de derecha, alentados por dirigentes ya colocados en sus féretros, pueden llegar a decir cualquier cosa con la sola intención de crear un clima de inestabilidad para poner en tela de juicio el triunfo progresista en la primera vuelta.

Saben cómo hacerlo. Ya en 1985, en el hotel Columbia, sede de Sanguinetti antes de asumir la primera presidencia, se había montado una oficina destinada al «grupo de los alacranes». La inmensa mayoría de la población nunca supo de las actividades de estos «connotados» dirigentes que se dedicaban, exclusivamente, a elucubrar planes contra las fuerzas progresistas para evitar su crecimiento.

Con el paso de los años, los grupos de derecha aplicaron una estrategia de infundir el miedo y de inventar cucos para que a cierta población no se le ocurra cometer el pecado de poner en las urnas una papeleta de marxistas, comunistas, violentistas, o «piqueteros».

Esta estratagema dio resultado en las anteriores elecciones. Basta recordar el memorable debate que mantuvieron el candidato del Encuentro Progresista, Tabaré Vázquez, y Julio Sanguinetti, donde este último se dedicó a sembrar el miedo. En dicha ocasión, la intención de captar votos de la derecha fue exitosa y ese discurso del temor lo llevó a Sanguinetti por segunda vez a la presidencia.

Pero hoy día esos «cucos» ya no surten efecto. No obstante, se insiste con ellos. Recientemente, el candidato blanco Jorge Larrañaga hizo un acto en el Cerro; sólo cayeron dos piedras aisladas. Pero lo destacable del asunto es que en dicho acto, dirigentes del FA colaboraron en la organización del evento y dieron su apoyo a fin de evitar cualquier tipo de incidentes. En tal sentido, el MPP no hará su acto final para que no se produzca ningún contratiempo. Incluso, el responsable de la Comisión Nacional de Organización del EP reconoció que la idea es ganar las elecciones y que por la fuerza no llegarán a su objetivo.

Eso fue suficiente para que la prensa oficialista saliera a informar que los intolerantes de siempre están haciendo de las suyas. Pero, hablando justamente de prensa oficialista, es bueno destacar que el diario El País «abrió el paraguas» al titular en su edición de ayer «Blancos y Frente aplacan el tono de su discurso», para agregar: «Larrañaga reivindicó la tranquilidad de sus palabras y Vázquez llamó a la calma y la tolerancia».

Por otro lado, en su última edición, Brecha pega en el clavo al encabezar su portada con «No seas zapallo, don Julio. Campañas del miedo eran las de antes». El semanario continúa diciendo: «Quizá porque la fecha de las elecciones coincide con Halloween (Noche de Brujas), el Foro Batllista lideró una campaña de terror a la vieja usanza, que logró arrastrar al resto del coloradismo y a sectores del Partido Nacional. Pero a diferencia del pasado no logró el efecto buscado: Buena parte de las encuestas continúan pronosticando el triunfo de la izquierda en primera vuelta».

La consigna es, pues, votar con los ojos bien abiertos, no sea que aparezcan listas falsas del Encuentro Progresista o del Sí por el Agua. A festejar con mucha alegría sin caer en provocaciones y a prepararse para la asunción de un gobierno decente que devuelva la felicidad a la gente.

Pero, «attenti al lupo»: los alacranes harán su último intento; vano, pero intento al fin. *

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