Despertar político de un pueblo
Por supuesto que una gran parte de las fuerzas progresistas y las organizaciones sociales ha estado durante los últimos años activa y creativa en la resistencia a los intentos del modelo neoliberal.
Y asimismo que se han mantenido estructuradas las organizaciones sociales, sindicales, barriales, ecologistas y de género y que, como lo demostró el resultado del referéndum del 7 de diciembre, hay una tendencia incontenible a la confluencia y unificación de las demandas populares.
No obstante, esta situación mantenida durante los últimos cuatro años estaba lejos de alcanzar su amplitud plena, su mayor caudal de convocatoria. La movilización era parsimoniosa y los procesos de acumulación no siempre eran visibles.
En las últimas semanas, la singularidad, la insustituible singularidad de la lucha política ha ejercido un efecto de estímulo notable sobre la atención popular. En especial sobre aquellos sectores populares a los que la crisis, la desocupación y la miseria han conducido a la pobreza extrema, la marginalidad y por tanto al escepticismo político profundo.
Ese estímulo se ha expresado con tremenda fuerza en el Interior del país y en la participación en los actos convocados por la oposición.
Hay en este hecho, aparentemente previsible, un significado profundo que merece ser destacado.
Es el renacimiento del interés político, del interés por los destinos del país, de una parte del pueblo que había sido «expulsada» simbólicamente del tratamiento de las cuestiones públicas.
Es obvio que quien no tiene alimentos ni abrigo, no está en condiciones de pensar en términos de programas y estrategias. Es comprensible que quien ha sido objeto de despojo de su empleo, su hogar, su salud, su acceso a la educación, siente a los otros como extraños o como hostiles.
¿Por qué los pobres tendrían que interesarse en algo tan vago, abstracto e inasible como los planteos políticos, los programas de futuro, la confrontación de estrategias y todo lo demás que está en juego en esta campaña electoral? ¿Por qué?
Ese es el prodigio que está logrando la oposición progresista y su candidato a la presidencia de la República: el hacer que nuevamente despierte el interés y «la toma de partido» del pueblo del abismo, de los más golpeados y de los que habían perdido toda esperanza.
Estamos ante una ampliación de los protagonistas de la democracia política en el país.
Estamos ante un ensanchamiento democrático del debate verdadero, sobre los problemas reales y profundos que afectan a las mayorías trabajadoras.
Ese renacimiento cívico y político de nuestro pueblo hasta ayer escéptico no ha concluido. Todavía quedan bolsones de incredulidad .
La senda está trazada y el avance es difícil de detener.
Las maniobras mediáticas, los videos y los discursos esperpénticos no lograrán que la mayoría de los uruguayos que ya está viendo que otro país es posible se distraiga o se equivoque acerca de quiénes son sus amigos y sus representantes y quiénes no han hecho otra cosa que postergar, prometer, engañar y reprimir, con impunidad incluida.
Y este despertar de la conciencia política y el espíritu crítico no tiene marcha atrás. No se detiene ni se trunca a golpes de intimidación mediática. Al contrario, atentos y preparados para el juego sucio, los sectores populares se fortalecen moralmente en el juego democrático, en la búsqueda de la persuasión y la transparencia. Y sus mentiras oscuras no hacen sino hundirlos más en la falta de credibilidad de sus alegatos. *
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