La campaña según el presidente políglota
Al recordar a Batlle diciendo «we are fantastic» ante jerarcas de habla inglesa –quienes asumieron así que éramos «de fantasía», acepción anglosajona del término–, cabe preguntarse qué quiere decir ahora el Presidente en Porto Alegre, cuando afirma que la campaña electoral es «light».
Aunque alguno considere excesivo el celo por la lengua, a los dignatarios corresponde cuidarla más que a otros. Y aunque medio mundo emplee «light» por «ligero» o «liviano», lo cierto es que el término, empleado para algo como la campaña electoral, resulta curioso… hasta para la Real Academia Española.
Estrictamente, «light», además de existir en el diccionario mayor de nuestra lengua, está ejemplificado en el apéndice explicativo de modo tal que abre interrogantes reales sobre lo declarado por el Presidente. Para el diccionario de la Real Academia Española, «light» es una voz inglesa con tres acepciones. Las dos primeras, como adjetivos («dicho de una bebida o alimento determinado elaborado con menos calorías de las habituales», y «cigarrillo que se presenta como portador de menos elementos nocivos»). La tercera acepción, definida como «adjetivo irónico», significa: «que ha perdido gran parte de sus caracteres esenciales». Y da un ejemplo: «un comunista light». Las deducciones quedan a cargo de lector.
Cualquier lector sabe que la palabra inglesa «light» en castellano es «luz». Ahora bien, de las 16 acepciones que la palabra «luz» tiene en el diccionario de la RAE, la decimosexta sería harto curiosa en este caso: luz es una merluza (del latín lucius). A su vez, dos acepciones tiene merluza: una extensa («pez teleósteo marino, etc.); y otra: embriaguez, borrachera. Si la campaña electoral es una luz –o adecuando equivalentes– resultado de conductas achispadas, es otro cantar.
Ahora bien, los diccionarios ingleses de mayor uso (Appleton´s y Cambridge), si bien aceptan «light» como «ligero», lo relativizan en todos los casos («alimentos y bebidas que contienen relativamente menos calorías»), lo cual condiciona de algún modo la segura intención de la verba presidencial. Como si fuera poco, los ingleses aceptan esta acepción de «light» recién en un decimoctavo lugar, antecedida por una larga lista, alguna de las cuales bien podría hacer al caso.
Lo que será curioso para más de uno es que en inglés la primera acepción de la palabra «light» no es la de carácter lumínico, sino conductual. «Light» es así la «particular perspectiva de una situación». El diccionario da un ejemplo: aunque lo ve con diferente perspectiva (con diferente light), igual no lo comprende. Ha lugar.
En la sexta acepción, después de distintas referencias a la luminosidad física, los ingleses definen «light» como luz espiritual, iluminación. Es decir un elogio eventualmente atribuido por el Presidente a los gestores de esta campaña política, que, a todas luces, no merecen.
En octavo lugar, los ingleses consideran «light» –igual que el Mago cuando canta «luz de mi vida, fui un fracasao’…»– definiendo a «una persona o cuestión, de nuestra máxima referencia». ¿Referirá a Stirling? ¿A Larrañaga? A Tabaré, seguro que no. Debemos deducir así que, si las campañas políticas son la luz (la light, ¡bah!) en la vida de Batlle, esta light lo estimulará aun por varias campañas más. ¿Inconcebible? Más bien seguro, en tanto no se apeó en Estación Carnelli como había anunciado y en cuanto ahí sigue, encabezando su lista al Senado.
Particularmente he optado por la acepción decimoquinta de los epistemiólogos de Cambridge. «Come to light», equivalente a una expresión castellana bastante común: salir a luz. Tengo la firme convicción de que en esta campaña algo más que declaraciones o discursos va a salir a luz. Y si gana el Frente, mucho más va a salir a luz.
Y el Presidente lo sabe. *
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