El verdadero temor de los uruguayos
Sin caer en las mezquindades y bajezas de que hace gala el Foro Batllista, obnubilado ante la perspectiva de perder más de la mitad de su actual representación parlamentaria y –lo que es más grave aun para ellos– los resortes del Estado, los otros sectores colorados y la casi totalidad del Partido Nacional dedican con entusiasmo un alto porcentaje de su campaña publicitaria a criticar las propuestas progresistas y a denostar a su dirigencia.
Las propuestas programáticas de los partidos tradicionales han sido relegadas a un segundo plano en su campaña publicitaria y en su lugar proliferan los spots dedicados a descalificar el programa de la izquierda. Es así que vemos que con total desparpajo utilizan eslóganes e imágenes de las fuerzas progresistas. En una práctica desleal, el multicolor «cambiemos» con que cierra la mayoría de las piezas del EP-FA-NM puede verse también en algunos avisos en los que connotados dirigentes larrañaguistas se ocupan de denostar a la izquierda y a su conductor.
La consigna de las fuerzas amigas del statu quo consiste, evidentemente, más que en destacar la bondad de sus propuestas o los logros del gobierno, en combatir las del adversario tan temido. Y, subliminalmente y con distintos matices, todos coinciden en pronosticar catástrofes de diversa índole en la hipótesis de un triunfo progresista.
El matutino El País, desde su página editorial, se ha convertido en el mejor aliado de la prédica del Foro Batllista y es el abanderado en sembrar alarma y temor. Pero los uruguayos, que padecieron la predictadura pachequista, la dictadura cívico-militar y veinte años de gobiernos democráticos pero expertos en empobrecerlos, dejaron de ser incautos y ya no es posible asustarlos con fantasmas del pasado.
Es más, los uruguayos en su mayoría no temen al hecho de que algunos dirigentes del Espacio 609 hayan integrado la guerrilla; temen más bien al continuismo encarnado en los dos partidos tradicionales. Y advierten que por mejores que sean las intenciones del doctor Larrañaga, éste y los dirigentes blancos opuestos al neoliberalismo serán minoría en un supuesto gobierno de coalición con el coloradismo. En el caso hipotético de que un frente blanquicolorado impida el acceso de Tabaré Vázquez a la Presidencia, el sector de Larrañaga y los grupos que lo apoyan quedarán en minoría frente al Herrerismo, el Foro y la 15, lo que equivale a decir que la derecha tendrá una notoria supremacía sobre los sectores presuntamente progresistas del nacionalismo.
Los uruguayos temen, con razón, que un hipotético gobierno de Larrañaga –que deberá necesariamente contar con tan peligrosos apoyos de la derecha neoliberal– se verá obligado a resignar sus tibias propuestas progresistas en aras de los sólidos compromisos que lo mantendrán maniatado y a merced de los intereses más espurios que se opondrán con uñas y dientes a toda propuesta que signifique un cambio a favor de las grandes mayorías postergadas.
Sospechan, con razón, que un nuevo gobierno de coalición significará continuar no solamente con esta política económica nefasta sino, también, con el clientelismo, el amiguismo, los acomodos, las prebendas y los privilegios. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad