Contradicciones en la campaña

Es ya un lugar común afirmar que esta campaña electoral no se caracteriza por la profundidad de los debates ni por la confrontación de propuestas programáticas.

Las fuerzas progresistas fueron acusadas de no tener un programa de gobierno pues no habían editado un folleto como sí lo habían hecho los dos partidos tradicionales. Al mismo tiempo y contradictoriamente, tanto desde filas coloradas como desde tiendas nacionalistas se procedía a calificar las propuestas de la izquierda como voluntaristas, demagógicas o inaplicables. No obstante, a poco que se comparen las propuestas programáticas de cada uno de los tres partidos se advierte claramente que el único que presenta un enfoque diferente de la problemática del país y que ha elaborado propuestas que pretenden introducir cambios profundos desde el punto de vista social y económico es el programa de las fuerzas progresistas.

Como si los líderes, dirigentes y candidatos de los partidos tradicionales hubieran perdido súbitamente sus cabales, la campaña de propaganda electoral empezó a transcurrir por carriles casi surrealistas. Con sus propuestas electorales vacías y sin creatividad para formular un programa de auténticos cambios, la estrategia de ambas colectividades históricas decidió apuntar hacia otro lado.

Primero fue el debate exigido al candidato progresista, doctor Tabaré Vázquez, por el candidato blanco, doctor Jorge Larrañaga, mientras el candidato independiente, Pablo Mieres, desafiaba a éste, como si el show televisivo –con mucho de duelo, de competición o de combate pugilístico– fuera clave para informar al electorado. Pero lo insólito del caso es el hecho de que se haya distraído tiempo y dinero (en avisos publicitarios) en reclamar ese debate y que, en definitiva se haya instalado un debate sobre la conveniencia o no de debatir; un debate sobre el debate, mientras los acuciantes problemas que sí interesan a los uruguayos pasaban a un segundo plano.

Luego la polémica se centró en si correspondía o no utilizar imágenes y voces de los adversarios en los spots publicitarios. Todo esto en razón de que el Foro Batllista ha resuelto abandonar sus apelaciones al electorado en el sentido de reclamar su voto, y prefiere buscar la descalificación de la izquierda mediante el recurso de recordar insistentemente el pasado guerrillero de algunos dirigentes del Espacio 609 del EP-FA-NM. Cabe preguntarse si lo que temen los dirigentes foristas es que Eleuterio Fernández y José Mujica encabecen un movimiento armado para derrocar al futuro gobierno de Tabaré Vázquez, que ellos integrarán…

Finalmente, a falta de mejores argumentos para convencer al electorado, la fórmula nacionalista ha dicho que el programa progresista es una copia del suyo, lo que configura un flagrante anacronismo por la sencilla razón de que el programa del EP-FA-NM fue aprobado unos cuantos meses antes que el nacionalismo elaborara el suyo. Lo interesante es que mientras el doctor Larrañaga habla de plagio, su compañero de fórmula dice que las propuestas progresistas son vagas e inconsistentes. ¿Piensa el doctor Abreu que el programa del Partido Nacional es vago e inconsistente?

A todo esto, cuando faltan apenas dos semanas para la elección, la población aparece cada vez más dispuesta a optar por el cambio verdadero. *

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