Las elecciones en Uruguay y América Latina

Como nunca antes en la historia del subcontinente, los medios de prensa de la región vienen informando acerca del la evolución de la campaña electoral uruguaya. El fenómeno es indicador no sólo de la gran importancia que la circunstancia uruguaya tiene sino también de la singularidad que atraviesa nuestra América, el enorme interés que vienen generando procesos como los de Argentina, Brasil y Venezuela y el siempre latente y postergado anhelo de integración.

El hecho de padecer condiciones económicas impuestas desde los países centrales, tanto en el campo del endeudamiento como en el del comercio internacional y la inversión, propende a la búsqueda, a veces desesperada, de nuevos caminos de integración comercial, industrial y productiva.

Justamente en estos días la prensa brasileña y argentina se hace eco de los contactos que en el terreno empresarial se vienen realizando entre grupos brasileños y argentinos en vistas de mejorar las condiciones, especialmente para Argentina, condenada desde hace unos años a constituirse en el socio agrícola de un gran potencial industrial. Entre los acuerdos alcanzados, de singular importancia, está el de la creación de mecanismos de crédito propios del Mercosur, como factor dinamizador del desarrollo económico en la región, procurando así escapar a las condiciones leoninas impuestas por el gran capital trasnacional.

Es obvio que la nueva administración que acceda al gobierno en 2005 en nuestro país tendrá que dar un enérgico golpe de timón en materia de política exterior, procurando sumarse a los esfuerzos impulsados por Kirchner, Lula Da Silva y Hugo Chávez, de clara orientación latinoamericanista. El país no puede quedar al margen de estos procesos. Ni en lo económico ni en lo político y cultural. El momento es especialmente propicio para profundizar el conocimiento y mejorar las relaciones fraternas con nuestros vecinos.

El excepcional seguimiento que la prensa de la región le viene dando a la campaña electoral en nuestro país habla a las claras de otra dimensión del problema a la que, hasta ahora, las fuerzas conservadoras que dominan el país han dado la espalda. Nos referimos a los procesos de integración política que deben acompañar los esfuerzos y realizaciones que se impulsan en el terreno de los emprendimientos económicos.

Una y otra vez, tanto el doctor Lacalle como el doctor Sanguinetti se han mostrado contrarios a toda iniciativa referida a la constitución de una instancia parlamentaria regional, un Parlamento del Mercosur, desde donde acompañar, racionalizar y legislar con propuestas justas y progresistas sobre el proceso de transformaciones profundas que implican los procesos de integración regional. Una instancia de integración política sólo puede resultar benéfica para países como el nuestro, de menor desarrollo relativo conviviendo con poderosas economías como las de Brasil y Argentina.

Finalmente, el proceso de integración política se conjuga por procesos reales de acercamiento entre partidos e instituciones políticas que se enfrentan a la misma hostilidad de un mundo globalizado que es crecientemente hostil hacia las economías más débiles. Desde ese punto de vista, las evidentes afinidades del pensamiento progresista uruguayo con los gobiernos de nuestros vecinos más próximos resultan de una importancia capital.

La integración tiene grandes posibilidades de empezar a escribirse con la caligrafía social y nacional de la cultura progresista, dando por clausurado el devastador ciclo de la integración regulada desde la matriz del pensamiento y la política neoliberal. *

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