Ancap al servicio del Uruguay productivo

Un 15 de octubre de 1931 se creaba la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Pórtland, a pesar de las presiones de las «siete hermanas» como así se les llamaba a las multinacionales de la época.

También es justo decir que sobrevolaba otra discusión que hizo que la izquierda de la época planteara sus temores de que se fomentara el «clientelismo». Y claro que tenían y tienen razón, porque lo que se consagró fue el famoso «pacto del chinchulín», 3 directores para el Partido Colorado y 2 para el Partido Nacional, o viceversa depende de quien ganara. La única excepción a esta regla acomodaticia fue en el primer gobierno democrático luego de la dictadura, que en algunos Entes se «permitió» un director del Frente Amplio, pero se avivaron enseguida y volvió el «pacto del chinchulín» porque no les servía que les controlaran la gestión.

Hoy a 73 años de aquel acontecimiento, Ancap sigue existiendo y por supuesto que continúan también las presiones de las modernizadas multinacionales que naturalmente reiteran sus ansias de lucro porque «es parte de su naturaleza».

Ancap también sigue siendo la empresa industrial y comercial más grande del país con una facturación en el entorno de los U$S mil millones y en este último tiempo también se ubica en los primeros lugares como empresa exportadora. Esto último a partir de realizar exportaciones de algunos combustibles refinados como parte de pago por la modernización y ampliación de la Refinería de la Teja, obra que permitió entre otras cosas aumentar su producción a la vez de quitar del medio el plomo como elemento potencialmente contaminante.

Esta empresa, junto a UTE y Salto Grande, son instrumentos imprescindibles sobre los cuales debe descansar cualquier política energética que tenga como objetivo estratégico desarrollar productivamente al país. Generar puestos de trabajo para los uruguayos, desarrollar una matriz energética sustentable, tanto desde el punto de vista económico como ecológico.

Ahora bien, las políticas energéticas del gobierno (si se les puede llamar así) han fracasado de cabo a rabo; ha habido voluntarismo, improvisación, contradicciones, procedimientos para nada cristalinos, marchas y contramarchas. «Use todo eléctrico» decía una propaganda oficial, mientras tanto se «cocinaba» por otro lado el ingreso del gas natural desde Argentina, auspiciado por las multinacionales; pero el que ponía los millones de dólares era el papá Estado, es decir la UTE y Ancap.

Hoy tenemos problemas de generación, crisis, aumento de tarifas, dependemos de si llueve o no, de si los vecinos nos venden gas natural o no. Hoy tenemos la empresa Ancap endeudada producto de esa políticas.

¡Así no va más! Así no puede ir más.

También en estos días, un 20 de octubre de 1944, se formaba el primer sindicato de los trabajadores de Ancap. Por cierto que los trabajadores de Ancap en tanto integrantes del PIT-CNT tenemos una historia de lucha muy rica dada en distintos momentos de la vida del país, a la vez de haber contribuido hasta con nuestra propia sangre para que hoy existan condiciones concretas para el cambio.

También es justo destacar aquellas batallas que protagonizamos con el conjunto de organizaciones populares, en particular la del 7 de diciembre pasado que significó un duro revés para los neoliberales de turno, una lluvia impresionante de votos rosados que aplastó los intentos privatizadores y determinó que la propiedad y la gestión de Ancap deben seguir siendo estatales.

Aún así no hicimos todo ese esfuerzo ni se lo pedimos al pueblo para dejar todo como está. Ancap para ponerse al servicio del Uruguay productivo necesita cambios, necesita transformaciones, como los necesita el país.

Los trabajadores queremos involucrarnos con esos cambios, queremos que nuestra opinión sea tenida en cuenta para aportar sobre el rumbo de la que sigue siendo la empresa industrial y comercial más importante del país.

Es posible hacer de Ancap una empresa estatal, eficaz, eficiente, que desarrolle políticas sociales, que tenga combustibles más baratos, que priorice a los productores, que haya cemento Pórtland a precios accesibles para la obra pública y para las viviendas, y que se sigan produciendo alcoholes en el Uruguay en vez de importarlos.

En este aniversario de Ancap estamos movilizados en todo el país para «refrescar» lo popularmente decidido, para vigilar que ello se cumpla, para contribuir a mejorar la gestión de Ancap, para reclamar por nuestras reivindicaciones, para que no haya ninguna «reestructura» o designación nueva a espaldas del pueblo y para reclamar por nuestro derecho a tener un representante de los trabajadores en el propio Directorio de Ancap. *

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