Las indefiniciones que subsisten en la campaña electoral
A dos semanas de la histórica jornada electoral del 31 de octubre, la campaña política está en su apogeo. Virtudes y defectos de partidos y candidatos afloran a la luz pública, se aceleran las definiciones de los indecisos y ante los resultados que pronostican las encuestas, algunos dirigentes locales vacilan en sus opciones de voto.
De hecho no hay rincón del país donde no se celebren actos públicos, se reciban visitas de candidatos locales o nacionales y se entablen diálogos de contenido político con los periodistas especializados.
Las audiciones radiales y los espacios en la TV, aun en los medios más modestos y alejados de las grandes aglomeraciones han cedido programación de manera prioritaria al debate político-electoral y a la auscultación de las opiniones de los candidatos acerca de los acuciantes problemas que aquejan a la sociedad uruguaya. Más pluralistas y abiertos en el interior del país, no obstante, las voces de la oposición progresista han conseguido atravesar la mayor parte de las barreras de la censura y aquellos medios troglodíticos que aún mantienen sus puertas cerradas para la izquierda van cayendo en el aislamiento y en el ridículo.
La gente quiere saber de qué se trata. Y lo busca en los medios plurales, capaces de comunicar opiniones divergentes y alimentar así la reflexión del elector todavía vacilante.
Salvo excepciones (como ha sido la actitud del Foro Batllista desenterrando vetustos mensajes políticos de otras circunstancias políticas) la campaña transcurre en un clima de serena contraposición de opiniones e imágenes ante la calma expectativa de la ciudadanía.
También –¿por qué no decirlo?– subsisten ciertos márgenes de desmovilización cívica que aqueja a algunas regiones del país, demasiado golpeada su población por los problemas de la subsistencia cotidiana como para embarcarse con dedicación al estudio de las distintas propuestas. Es un coletazo más de crisis y de proceso de descomposición social a que ha conducido la aplicación de políticas neoliberales con su inevitable consecuencia de la exclusión masiva de algunos sectores sociales.
Desde el punto de vista de la discusión acerca de problemas perentorios que aquejan al país y su gente, se puede decir que los intercambios han avanzado muy poco.
Resulta paradójico que desde filas de los Partidos Tradicionales se le reproche al FA-EP-NM que su programa sería algo así como un plagio del formulado por la alianza que lidera el Dr. Larrañaga.
Es paradójico porque al mismo tiempo, otro dirigente distinguido del partido blanco, el Dr. Juan Andrés Ramírez, afirma que el programa del FA-EP-NM no es más que un conjunto anodino de generalidades.
¿En qué quedamos? Es anodino o es plagio. Plagio, claro de algo anodino. Así expuestos, los argumentos se anulan recíprocamente. Falta de coordinación.
El hecho grave es que la discusión, en lugar de entrar en materia, parece haberse anclado en los aspectos externos, la cáscara de las cuestiones y no las propuestas que plantean los grandes problemas a resolver. Y que no admiten ambigüedades ni dilaciones.
Así por ejemplo, estando planteada una reforma constitucional referida a la defensa del agua potable y del saneamiento como patrimonio de la gestión estatal, como una forma de defensa de la soberanía nacional, sería importante conocer a fondo cuál es la opinión del sector mayoritario del Partido Nacional. Es obvio que el Dr. Larrañaga prefiere no entrar en el tema pues dentro de su propio partido y en apoyo a su candidatura presidencial se unen partidarios de la reforma constitucional con furibundos partidarios de la privatización inmediata de todo lo habido y por haber.
Algo similar ocurre con problemas como las concepciones tributarias, ya que en su partido conviven los partidarios de los impuestos con un criterio más o menos como el actual y otros, como Ramírez, con una visión social mucho más avanzada.
Esto ocurre con una multitud de cuestiones programáticas esenciales, de ahí la dificultad del candidato blanco de avanzar más allá de ciertas afirmaciones genéricas que tanto sirven para un fregado como para un barrido. *
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